“Persona que profesa o ejercita el arte de la pintura” señala el Diccionario de la Real Academia sobre el término pintor. Sin embargo, los profesionales de los que hoy nos hacemos eco están algo alejados de girasoles, hilanderas, majas o besos. Su trabajo definido por el mismo diccionario como “persona que tiene por oficio pintar puertas, ventanas, paredes, etc.” se encuentra distante de la admiración popular.
Trabajar como pintor puede ser una posible salida para muchas personas que buscan trabajo a corto plazo. Rehabilitaciones y conservaciones de edificios, fachadas, patios, cubiertas, tejados, impermeabilizaciones, arenados… un pintor de los llamados “de brocha gorda” puede desarrollar multitud de tareas.
¿Cómo hacerlo? Si no se posee formación puede adquirirla a través del gran número de cursos que se oferta en el mercado. Hay desde los especializados en la prevención de riesgos laborales hasta los más básicos como los cursos a distancia de pintor de edificios (que cuestan unos 800 euros). Especial mención requieren los llamados “Acabados de construcción” que constan de 2.000 horas, resultan gratuitos a todos los residentes en España y únicamente se solicita como requisito el graduado en ESO o equivalente.
En cuanto al sueldo tampoco está mal. Los pintores suelen cobrar entre 18.000 y 24.000 euros brutos al año, una remuneración nada despreciable al compararla con la paga de los fontaneros, por ejemplo, cuyas ofertas de empleo se sitúan sobre los 11.000 euros brutos al año; otras profesiones como los electricistas tienen una remuneración similar. En cualquier caso, esta retribución no es nada despreciable, sobre todo, teniendo en cuenta las posibilidades para mejorar el contrato que ofrecen algunas empresas.
Brocha gorda o pincel, lienzo o pared, poco importa a la hora de labrarse un futuro ya que es cada persona la encargada de decidir cómo pintar su porvenir.
Foto: Basykes

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