
Trabajando en una empresa de un país desarrollado a veces se tiene la sensación de que lo que prima por encima de todo es la productividad, y que el trabajo del obrero es un medio para mantener permanentemente la acumulación de riquezas de los que siempre están en las altas esferas. Cuando esas últimas horas extras de la jornada laboral no se remuneran, se es milerurista y se asume una de esas hipotecas asfixiantes que se estilan en las capitales de provincias, es francamente difícil plantearse ser solidario y contribuir al bienestar de otras personas con recursos deficitarios o de países subdesarrollados. Vivir en la línea del suficiente justito hace que nos olvidemos de que hay gente que sobrevive a duras penas a pesar del “muy deficiente”.
Pues bien, parece que existe una alternativa para ayudar en medio de este escenario. Por una vez el peso de la empresa no se encuentra tanto en los beneficios que reporta en términos de producción como en el número y la generosidad de sus empleados. Con la opción altruista que os vamos a presentar, verdaderamente el trabajo de equipo cobra sentido a la hora de adquirir un compromiso con una buena causa. Hablamos del teaming, término que alude a una nueva filosofía que implica básicamente “microdonaciones en equipo”. Ha sido el holandés Jil Van Eyle, economista y asistente personal del entrenador de fútbol Frank Rijkaard, quien ha desarrollado esta fórmula consistente en donar un euro de la nómina para colaborar desinteresadamente con esas pequeñas y medianas ONG o asociaciones no lucrativas que desempeñan una encomiable labor de ayuda a los que más la necesitan.
La motivación de su creador surgió hace unos ocho años cuando tras el nacimiento de su hija con hidrocefalia tuvo que empezar a establecer contacto con organizaciones solidarias que debido a una mala gestión estaban limitadas en cuanto a sus funciones de asistencia y amparo. Esto le hizo reflexionar sobre la importancia indiscutible que tienen los recursos materiales para poner en marcha con éxito algunos proyectos humanitarios, y cómo muchos se pierden por el camino por no disponer de financiación. Entonces, fue cuando empezó a considerar que la empresa podía ser una buena vía para recaudar fondos. La clave era que el trabajador donara una cuantía tan pequeña de dinero que no disminuyera su calidad de vida, pero que al sumarse a las de todos sus compañeros representara la cantidad suficiente para colaborar de forma significativa mes a mes en un plan de cooperación y apoyo social.
Sin ser una ONG, ni una fundación, ni una compañía (pues no cuenta con empleados), el teaming se convierte en una idea a la que puede adscribirse cualquier trabajador que junto al resto de sus análogos quiera destinar tan sólo una unidad monetaria de su sueldo a fines filantrópicos. Imaginemos si todas las empresas lo hicieran, la de causas que podrían recibir ayuda de inmediato!. Aunque supone solamente un euro, simbólicamente el hecho de descontarlo voluntariamente y automáticamente de la nómina cada mes hace más consciente al empleado de que su esfuerzo y su trabajo además de alimentar a su familia, y abastecer a los peces gordos del sistema, puede tener un objetivo solidario. Pudiera parecer que es una solución pequeña a un problema de grandes dimensiones, pero como dijo Teresa de Calcuta: “Sé bien que lo que realizamos es menos que una gota en el océano. Pero si la gota le faltase, el océano carecería de algo.”
Muchos al leer estas líneas os habréis percatado de que quizá algunas empresas utilicen el teaming indirectamente para ganarse una buena imagen de compañía comprometida, con el objeto de incrementar sus clientes y en definitiva sus beneficios. Otros pensaréis que algunas encuentren en ello una forma de expiar sus culpas por todos aquellos millones que roban al trabajador explotado con contratos que atentan contra su integridad. Allá cada uno con su conciencia, siempre hay gente que detrás de conductas adecuadas esconde razones insanas para llevarlas a cabo, pero no sirva eso para tirar por la borda una buena idea. Desechar alternativas como ésta por esos motivos nos haría caer en un nihilismo, bajo el cual no se da dinero a una ONG porque puede estar corrompida, no se colabora con asociaciones no lucrativas del barrio porque a saber para qué utilizan lo recaudado, no se cierra el propio grifo porque el vecino malgasta más agua aún, no se ayuda a quien pregunta por una calle porque a saber si acaba robándonos el bolso, y así se elabora una interminable lista de excusas por las que nos justificamos una y otra vez para no cambiar el mundo, y esas gotas sumadas a las de unos cuantos más que piensan igual, se nota, ¡claro que se nota!
No importa el tamaño de la compañía (pymes o multinacionales), tan sólo hace falta que los miembros de la organización acuerden por consenso la causa a la que quieren apoyar. En una organización de 100 empleados, 100 euros mensuales puede ser de gran ayuda para una asociación humanitaria del barrio. No se trata de los cupones navideños que ablandan los corazones en tiempos de villancicos. Es un “sí” a llenar el océano con el trabajo de un equipo durante todo el año, porque de otra forma, con un solo euro al mes por persona, sería prácticamente imposible poder colaborar con una ONG. Además se garantiza la transparencia, pues son los propios trabajadores los que deciden cuánto donar y a qué organización van a dar lo recaudado.
En España, sobre todo en Barcelona, está extendiéndose poco a poco esta filosofía entre muchas empresas, algunas de las cuales acaban doblando como compañía las aportaciones reunidas por el personal. Por otra parte, el teaming se ha generalizado también a grupos de autónomos que quieren cooperar juntos, familias numerosas, e incluso peñas deportivas.
Si estás interesado y quieres implantarlo en tu empresa, puedes visitar la página teaming.info, donde puedes obtener algunas recomendaciones para ponerte manos a la obra, a la vez que acceder al blog del creador Van Eyle.
Foto: Malito 2007

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