Opinión

Si piensas que tu compañero de trabajo es un gilipollas… ¡terminará siéndolo!

Por Redacción, en 12 de Septiembre de 2008

El amor lo puede todo… lo dice la carta de San Pablo a los Corintios, Pigmalión es la prueba mitológica. Algunas versiones del mito lo presentan como rey de Chipre, escultor, soltero empedernido que comienza a tallar en marfil la estatua de la mujer perfecta. Hasta el punto de que cae profundamente enamorado de ella, la llamará Galatea y la tratará como si fuera una mujer de carne y hueso.

Al no poder pedir la vida para su estatua, suplica a Afrodita, diosa del amor, que le de a una mujer a imagen de su creación. Afrodita accede a la petición y transforma a la estatua en mujer. Una de las primeras lecciones del mito es que actuando con esa estatua como si se tratase de una mujer, la estatua se convierte en mujer. Es la mirada del amor la que convierte a una estatua en una mujer deseable.

El efecto Pigmalión da la importancia a la mirada que ejercemos en el otro. Varios siglos después, el profesor de sociología Robert Merton describió en 1948 este fenómeno que denominó fulfilling prophecy o “profecía autocumplida”. Ésta corresponde “a una definición errónea de la situación” que tiene que ver con la subjetividad del que mira (en el mito, Galatea es considerada como una verdadera mujer aunque no es más que una estatua) lo que suscita un nuevo comportamiento (en el caso del ejemplo es el comportamiento enamoradizo del rey de Chipre) que hace verdadera esta concepción inicialmente falsa (Galatea se convierte en una mujer de verdad al final). En palabras del propio Merton:

La profecía que se autorrealiza es, al principio, una definición “falsa” de la situación que despierta un nuevo comportamiento que hace que la falsa concepción original de la situación se vuelva “verdadera”.

La percepción que tenemos de los otros, lo que esperamos de ellos, son elementos necesariamente subjetivos. Dependen de una serie de esquemas de pensamiento que nos son propios y que utilizamos como filtros, que nos permiten seleccionar e interpretar la información. El tratamiento de la información se hace normalmente bajo un “bucle cerrado”, lo normal es que no hagamos el esfuerzo de evaluar cada idea que tenemos acerca de los otros, de esta manera validamos aún más nuestros esquemas. Un estereotipo sobre una persona me va a impedir considerar a la persona en su unicidad. No deja de formar parte de una categoría con la que comparte de manera indiscriminada todas las supuestas categorías que le he puesto.

La mirada que colocamos sobre los demás y las expectativas que tenemos sobre ellos son necesariamente subjetivas. Dependen de una serie de esquemas que nos son propios y que funcionan como filtros, nos hacen seleccionar e interpretar la información. Este tratamiento de la información se hace a menudo para validar la fuerza de nuestros propios esquemas. De lo contrario tendríamos que reconstruir cada poco tiempo las ideas que tenemos de los demás. Un estereotipo sobre una persona me impide considerarla en su unicidad. Ese compañero de trabajo forma parte de esa categoría de “catalanes” o de “mujer florero” con todas las supuestas características que tienen.

Teniéndolo tan claro, ¿para qué voy a profundizar en aprender más de esa persona? Al contrario, podría correr el riesgo de que ponga en entredicho mis creencias. Para evitar posibles polémicas, me gustaría aclarar que este fenómeno de la profecía autocumplida es generalmente involuntario.

En definitiva, si pensamos que algo es verdad puede hacerse real. Hay observaciones científicas que certifican el fenómeno en distintos ámbitos, en pedagogía es mejor decirle a un niño que será dueño de una compañía petrolífera antes que decirle que no le llega ni para poner gasolina en una estación de servicio, en salud basta con pensar en el efecto placebo, en criminología, cuantos jóvenes son tratados como delincuentes desde adolescentes y terminan cumpliendo la profecía.

En el trabajo, la profecía autocumplida afecta al desarrollo del trabajo, pero también al enfrentamiento entre trabajadores y a la propia selección de personal. Antes de conocer a un compañero nuevo ya tenemos toda una batería de ideas acerca de cómo es. Así que como dice el título del post, si piensas que tu compañero es un gilipollas, posiblemente lo acabe siendo y te lo demuestre en cada oportunidad. O al menos tú lo vas a ver así si no te apetece abrir un poquito la mente y el corazón…

Imagen: Maniquíes por Ajor933 en Wikimedia Commons

Comentar | Trackback

Comentarios de “Si piensas que tu compañero de trabajo es un gilipollas… ¡terminará siéndolo!”

Aun no se han realizado comentarios.

Deja tu comentario

 

 

 


 

Previsualización del Comentario

  



Responde la encuesta y participa en nuestros sorteos

 

Secciones

Canales

Sindicación

Añade este blog a tu lector de feeds

¿Qué es un lector de feeds?

Correo Electrónico:

Red de Blogs SmallSquid

Enlaces de Interés

© Copyright 2010, SmallSquid.com. Red de blogs, SEO y Webs 2.0

SmallSquid.com está gestionado con WordPress

Creative Commons - Some Rights Reserved
 
Un proyecto realizado por Blogestudio
Cerrar
Envíalo
Powered by ShareThis