Optimismo es la tendencia o disposición a ver y juzgar las cosas de la manera más favorable.

Optimista
La persona optimista actúa en la creencia de que cualquier suceso ocurrirá siempre de la manera más propicia y que los resultados positivos son los que mayor probabilidad tienen de producirse. Dentro de esta concepción, el individuo espera, piensa y siente, que lo que vaya a pasar se producirá siempre de la mejor forma de las posibles, minimizando desde el principio las posibilidades en contra o las influencias de carácter negativo.
Un optimista maneja siempre expectativas a su favor, lo que no quiere decir que no sepa aceptar consecuencias desfavorables, algo que más pronto o más tarde terminará por producirse en las sucesivas situaciones que se le van presentando. Cuando esto ocurre, el optimista acepta de buen grado el resultado en contra, sin centrarse excesivamente en los aspectos negativos, procurando olvidarlos lo antes posible y mirando siempre hacia delante. Lo malo cuanto menos mejor y cuanto antes pase, mejor que mejor.
Naturalmente, el optimista no cree que las cosas se solucionen por sí solas o por arte de magia. Ante una dificultad se hace preciso valorar las posibilidades y actuar en consecuencia, lo que supone que habrá ocasiones en que lo mejor será la retirada, puesto que no tendrá ninguna oportunidad.
Cuando hay que implicarse el optimista lo hace buscando siempre resultados favorables. En cualquier situación y especialmente en las adversas, actuar con optimismo es la mejor opción de las posibles y la estrategia más adecuada para que la balanza se venza a nuestro favor.

Una sonrisa
¿ES FÁCIL SER OPTIMISTAS?
Ser optimista significa elegir siempre lo positivo antes que lo negativo, la disposición a ver el mundo y las cosas que nos rodean en sus mejores aspectos, la propensión a ver la botella medio llena y no medio vacía, inclinarse por la felicidad antes que la infelicidad, preferir la sonrisa antes que el enfado.
Es una especial manera de actuar ante la vida, un estado de ánimo asociado a emociones positivas que elevan el espíritu haciendo el tránsito vital mucho más agradable. El optimista afronta las adversidades con mayor confianza y tranquilidad que quien carece de esta habilidad, por lo que su temperamento emocional sufrirá menos.
Hay personas que se muestran optimistas de manera natural y espontánea, pues tienen esa predisposición, por lo que se inclinan a observar la realidad en su semblante más positivo sin necesidad de movilizar su voluntad, mientras a otras les ocurre justamente lo contrario. Pero quien no posee esta facultad no debe preocuparse, porque el optimismo es también factible de ser aprendido, puede dirigirse la voluntad en alianza con el intelecto de forma que sean percibidos los aspectos favorables y positivos de la realidad en lugar de los desfavorables y negativos.
Desde esta perspectiva, el optimismo es una elección personal, una actitud determinante sobre la percepción de la realidad que permite primar lo positivo sobre lo negativo produciendo resultados emocionalmente favorables.
Como toda tendencia de comportamiento que a base de la repetición se transforma en hábito, al optimismo le ocurre igual: cuanta más voluntad pongamos en el mantenimiento de conductas optimistas, más optimistas nos volveremos, transfiriendo esta percepción positiva de la vida cada vez a más situaciones. El optimismo brilla especialmente en circunstancias desfavorables, es en las situaciones adversas cuando se hace preciso sacar fuerzas y tratar de invertir lo negativo en positivo, o por lo menos que sea lo menos malo posible y dure lo mínimo. Resulta muy fácil ser optimista cuando todo va bien, cuando todo va encarrilado y no hay nada que nos ponga a prueba: En estos momentos de bonanza alguien puede pensar que es optimista cuando realmente no lo es, estará experimentando un falso optimismo como consecuencia de un contexto favorable y no tiene motivos para sentirse pesimista. Pero cuando las cosas cambian, es posible que cambie también la percepción y aparezca el pesimismo en toda su crudeza.
Ser optimista tiene grandes ventajas porque influye en la felicidad personal y en la calidad de vida.
¿QUÉ DIFERENCIA A OPTIMISTAS Y PESIMISTAS?
Optimismo y pesimismo son las caras opuestas de una misma moneda. Si juzgamos por sus reacciones podría

Optimista o pesimista
parecer que los optimistas experimentan una problemática menor que los pesimistas, pero la verdad es que, a lo largo de la vida, optimistas y pesimistas tienen que enfrentarse a problemas similares y se exponen a dificultades muy parecidas; lo que les diferencia es el modo de afrontar las situaciones.
El optimista interpreta los sucesos que se le presentan de manera muy distinta a como lo hace el pesimista. Mientras que el primero busca lo positivo de los infortunios, el segundo los experimenta como algo inevitable, por lo que resuelve que los problemas son permanentes y que poco o nada puede hacer frente a ellos. Las dificultades pueden ser tremendamente complicadas de resolver, pero el optimista, a diferencia del pesimista, siempre encuentra el modo de hacerlo y siempre también las interpreta en su aspecto más favorable, de forma que su impacto sea lo más pequeño posible. Las expectativas de uno son de éxito y del otro de fracaso.
Otro aspecto que diferencia a optimistas y pesimistas es su locus de control. El optimista tiene un locus de control interno, mientras que el pesimista lo tiene externo, esto ayuda a explicar también las diferentes valoraciones que cada uno de ellos hace a la hora de enfrentarse a una situación y su grado de confianza en la resolución de los problemas.
La percepción de la dificultad para el optimista es temporal, específica y no personalizada, mientras que para el pesimista es permanente, generalizada y personalizada. En la vida real esto se traduce en que el pesimista ve los problemas como algo constante, que abarcan todo tipo de situaciones y que están dirigidos siempre hacia él, como si atrajese las contrariedades. El optimista por su parte tiene una percepción mucho más saludable, puesto que para él los problemas están circunscritos a un momento en el tiempo, no teniendo por lo tanto duración indefinida.
El optimista sabe que las contrariedades no afectan a todos los aspectos de su vida, sino a una determinada parcela; no le persiguen a lo largo del tiempo, sino que se presentan de vez en cuando y luego desaparecen; las dificultades son, al fin y al cabo, parte de la mecánica de la vida, por lo que hay que acostumbrarse a convivir con ellas cuando hacen acto de presencia, intentando a la vez que perturben lo mínimo el tono vital y la disposición para disfrutar siempre de las cosas.

Añadir a Del.Icio.Us


3 Comentarios en “Ser optimista, es mejor”
Muy bueno. Gracias!
Buenas Virginia.
Es que no te quepa duda de que tenemos más que perder si vemos todo desde un punto de vista negativo. Los cambios los veremos como problemas en vez de verlos como oportunidades.
Y como digo yo, ver todo negro, no es sano para la vista, jejeje!!!
Un saludo
Gracias, me aclararon la duda respecto a la relación entre el optimismo y el locus de control