La explosión de la crisis Airbus hizo correr ríos de tinta y se avanzaron numerosas explicaciones sobre su génesis. Es necesario sacar partido del fracaso para evitar que se reproduzcan en el futuro.

Por ello se cuestionaron la organización de la gestión de la empresa y las rivalidades franco alemanas. Ciertamente, desempeñaron un determinado papel, pero no es necesario olvidar que durante treinta años Airbus conoció grandes éxitos en el marco de un mercado que sólo funcionaba con el consenso de sus cuatro socios. Es necesario pues buscar en otra parte las razones de tales sinsabores, y habida cuenta de su amplitud no es en el funcionamiento donde se encuentran, sino más bien en las estrategias de empresa de los últimos años. Los errores en este ámbito son tanto más graves cuando se trata de industria pesada, pesada por el peso de las inversiones necesarias para desarrollar nuevos productos, pesada por la longitud de los plazos que permiten recoger resultados. El control estratégico de una empresa aeronáutica exige muchos conocimientos, experiencia y rigor.
Los problemas de Airbus venían de problemas en el ámbito de la inteligencia económica y la decisión estratégica. Inteligencia económica no es sinónimo de “información”, pero la aplicación de una metodología rigurosa donde se combina el flujo de la información, su evaluación, su puesta en perspectiva y medida de coherencia, la comprensión de los factores de evolución que afectan al negocio y la proyección de futuro.
En el caso Airbus, la definición del “plan de productos” es el ejercicio ciertamente que compromete el futuro, ya que se trata de aplicar la innovación que seducirá al cliente, garantizando al mismo tiempo la extensión y la renovación de la gama. Después del lanzamiento en 1970 del A300, innovación exitosa con muchos esfuerzos, era necesario ocupar el terreno con la familia A320 lanzada en 1983 y la familia A330/340 lanzada en 1987, lo que permitió competir con Boeing. Desarrollar aviones de alta gama, puesto ocupado por del 747, era obviamente un objetivo legítimo, pero de riesgo elevado, y era necesario esperar circunstancias favorables. El nuevo equipo que tomó el poder en 2000 en Airbus creyó poder hacerlo y lanzó el A380. Era un primer error desgraciadamente estratégico: el avión es demasiado grande, plantea problemas en los aeropuertos, lo que limita las posibilidades, y no atiende ya a la petición de los viajeros: vuelos directos y frecuentes. Su mercado está mucho más limitado de lo que preveían sus promotores.
Un segundo error estratégico es no haber previsto a tiempo la renovación de los modelos que estaban empezando a “ser viejos”. Ciertamente se aportaban algunas mejoras a los distintos modelos, pero el progreso tecnológico seguía su curso, el precio del petróleo subía vertiginosamente y las compañías aéreas querían aviones más potentes. Boeing seguía de cerca la evolución de Airbus y atacaba los puntos débiles. Puntos débiles que hay que mejorar pero que supondrán un gasto de tiempo y dinero. Mientras que la producción del A380 no termina de funcionar como se espera y acumula retraso tras retraso, es necesario financiar el desarrollo del A350, sustituto del A320. Para completar el marco en el que esto ocurre es necesario tener en cuenta la caída del dólar y los problemas de la bicefalia de la compañía aérea.
El A380 es un notable éxito del que los europeos podemos sentirnos orgullosos, sin embargo, hay un tercer error estratégico: implementar programas informáticos diferentes dentro de la empresa para hacer adaptaciones complementarias a los aviones. Los E-Negocios y su normalización son las claves de la productividad de los países desarrollados y son las principales preocupaciones de los directivos de cualquier empresa grande. Los errores en este ámbito cuestan mucho tiempo y dinero.
A partir de estos ejemplos, se constata que la inteligencia económica permanece insuficientemente controlada en las empresas aeronáuticas, mientras que sus principios básicos se conocían de sobra y se aplicaban de manera empírica desde hace tiempo, y que su puesta en forma metodológica, necesario por las complejidades de la universalización.

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1 Comentario en “Los tres errores estratégicos de Airbus”
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