
O ¡qué buen invento!, en el caso de ser empresario. Son muchos los vendedores de grandes centros comerciales o de tiendas de ropa o de artículos de música que trabajan con comisión (nos ahorraremos dar nombres porque ya todos sabemos de qué compañías estamos hablando). El vendedor cobra un sueldo base, al que se le añade un tanto por ciento de todo aquello que haya vendido.
Muchas veces la comisión depende de la sección o del tipo de tienda. No es lo mismo vender música, sobre todo en épocas del año como la Navidad en la que las ventas de los CD se disparan, que vender piezas de lencería de una marca francesa muy buena y cara.
¿Cómo actúa un vendedor que va por comisión? En la mayoría de los casos ignora al cliente hasta que éste se ha decidido por el producto. Entonces, va al ataque: el cliente se convierte en la presa del dependiente, el ave rapaz. Y la imagen es clara, porque en alguna ocasión he visto correr a dos vendedoras en la dirección de un cliente para ver quien atrapa antes a la presa y se lleva la comisión.
En este sentido, creo que las comisiones hacen que el dependiente pierda las buenas características que debería tener: ser atento, ayudar al comprador, facilitarle el máximo de información, ayudarle en la búsqueda… Ya sólo interesa el paso final. En este período del año de las fiestas de Navidad, estar atendiendo a un cliente durante cinco minutos puede suponer perder cinco ventas de compradores que ya se habían decidido. ¡Un gran drama para los vendedores a comisión!
Y lo que es peor, es que las comisiones crean mal rollo entre los compañeros. Existen las típicas rencillas de “mira el espabilado éste que se pasa el día en caja cobrando a la cola de clientes y no sale a ayudar a nadie”. Este mal ambiente se acentúa cuando parte de la plantilla es fija y la otra, temporal. Los fijos ven a los temporales como competidores directos y se crea un bloque contra ellos.
Cuando se llega a estos extremos, se puede ver de todo. El trabajador no se da cuenta de que no debe ir contra su compañero temporal, que no ha ido a sacarse el máximo de comisiones sino a tener un sueldo. El trabajador debe enfrentarse al jefe que crea el sistema de comisiones para fomentar la competitividad entre la plantilla.
Las comisiones pueden ser una buena manera de sacarse un dinerillo extra a final de mes pero también son un modo de enemistarse con todos los compañeros y de dar un peor servicio.
Foto1: Daquella manera

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