Hablar de jerarquía en las empresas modernas es bastante complicado hoy en día, ya que la palabra jefe es también sinónimo status y poder… En tantos años de supuesta modernización corporativa, la mayoría de los empleados no ha podido incorporar totalmente el término “liderazgo” en la visión que tienen de sus jefes y siguen arrastrando viejos paradigmas que siguen colocando al “jefe de turno” como un “terrateniente” dentro de la empresa y en muchos casos, como uno que pretende controlarlo todo… creando así un liderazgo inexistente que se esconde bajo una capa superflua de jefatura mal jerarquizada.
La culpa es de ambos bandos (opino), ya que tanto subordinados como jefes siguen perpetuando este sistema de estatus y niveles que no permite la sana horizontalidad que debería primar en la empresas que se consideran o autodenominan “modernas”.
Como el tema da para rato, he querido en este post darle más énfasis a la parte de culpa que corresponde a los jefes, debido a que son los que podrían hacer más por cambiar debido a su posición privilegiada y porque está visto que los subordinados son el componente débil de esta ecuación.
Mi intención no es echar en cara a los jefes su probable falta de liderazgo (pues no es justo generalizar), sino más bien ayudarles a que se den cuenta de que otro tipo de jerarquía es posible y que sólo conociendo sus debilidades es que podrán hacer algo por mejorar su capacidad para dirigir a las personas en las organizaciones en las que actúan.
LA RAÍZ DEL PROBLEMA
Es bien sabido que la mayoría de los jefes tienen problemas para encontrar respuestas y así conseguir que quienes «dependen» de ellos, desarrollen el talento necesario para conseguir los mejores niveles de productividad y que al mismo tiempo mantengan la “alegría” necesaria como para sentirse a gusto trabajando en la empresa.
Más bien, los jefes han desarrollado un efecto que se ha convertido en paradigma y que a todas luces los señala como los legítimos culpables de que muchos empleados tengan problemas de infelicidad, desasosiego y tristeza trabajando en una organización.
Aspecto que queda de manifiesto en una forma exagerada mientras más pequeña es la empresa, sobre todo en aquellas de estructuras verticales, ya que en las pymes, la jerarquía tiende a ser más rígida, tal vez por la implicación familiar tradicional de dichas empresas. Por el contrario, en las grandes multinacionales priva la estructura piramidal más tenue, en donde la tendencia es organizarse por procesos, lo que hace menos marcada esta tendencia.
ESTUDIOS
El CEF (Centro de Estudios Financieros) realizó recientemente un estudio para conocer los comportamientos de los jefes que más irritan a sus subordinados. Para ello, envió a través de su plataforma de teleformación una encuesta que fue contestada por 3.178 personas. Este estudio ha sido dirigido por Ángel Fernández Muñoz, psicólogo y profesor del Máster en Dirección de Recursos Humanos del CEF.
La encuesta sobre la que se ha basado este informe ofrecía a los encuestados una lista de 34 posibles comportamientos de los jefes que pueden irritar a sus colaboradores, de los que se les pidió que señalaran hasta 10. Los encuestados fueron requeridos para señalar aquellos rasgos específicos del comportamiento de su jefe inmediato que más les irritan.
LOS RESULTADOS
Los diez comportamientos de los jefes que más irritan son:
1º. No comunica con claridad los objetivos (46%).
2º. No motiva (44%).
3º. No comunica bien (32%).
4º. No escucha (32%).
5º. No lidera, sino que manda (32%).
6º. No enseña, no forma (31%).
7º. Se contradice con frecuencia (31%).
8º. Incompetencia directiva (29%).
9º. No gestiona bien su tiempo y el de sus colaboradores (28%).
10º. Se estresa con frecuencia (27%).
En el lado opuesto, los cinco defectos menos señalados son:
1º. “No es asertivo” (9%).
2º. “Es distante y altanero” (12%).
3º. “Es un robamedallas (14%),
4º. “No se implica” (14%).
5º. “Es lento en tomar decisiones” (16%).

RESULTADOS UNIVERSALES
De las 3.178 encuestas correctamente contestadas, el 80% proceden de España, mientras que en el 20% restante hay respuestas de otros 50 países, destacando los hispanohablantes (Méjico, Colombia, Argentina, Chile o Venezuela). Ocho de cada diez encuestados tienen formación universitaria, mientras que el 45% de la muestra tienen trabajadores a su cargo (es decir, ellos mismos son jefes). En cuanto al sexo de los encuestados, han respondido por igual hombres y mujeres, mayores de 18 años todos ellos.
En cuanto a las diferencias apreciadas en las respuestas en función de los perfiles de los entrevistados, las más significativas son:
En lo que atañe a la edad de los encuestados, se comprueba que cuanto mayor es aquélla más críticos son en cuestiones relacionadas con la comunicación interna dentro de las empresas. Así, sucede con las respuestas a preguntas como “no comunica con claridad los objetivos” (señalada como uno de los 10 principales defectos por el 35% de los encuestados entre los 18 y los 22 años, hasta el 53% entre los mayores de 42 años), “no comunica bien” (22% y 38%), y “no resuelve los problemas” (15% y 31%).
Quienes tienen trabajadores a su cargo (es decir, que ellos mismos son jefes) se quejan mucho menos de que su jefe directo “no confía en mi capacidad” que los que no tienen a nadie bajo su cargo. (20% frente a 26%).
No existen grandes diferencias entre las respuestas de los encuestados en función del sexo. Las mayores diferencias entre las respuestas de los hombres y de las mujeres se producen en las cuestiones: “no potencia la creatividad” (señalada por el 24% de los hombres frente a 19% de las mujeres) y “se estresa con frecuencia” (25% y 30%, respectivamente). Tampoco aportan diferencias significativas el nivel de formación de los encuestados.

MI OPINIÓN
Como pueden apreciar, si que existe un verdadero problema generalizado que se relacionan con muchos comportamientos poco deseables que son característicos en aquellos que tienen que dirigir a las personas en las empresas y que dejan al descubierto algunos de los aspectos fundamentales que no conviene olvidar para ser un buen líder y llevarse bien con los subordinados.
Así que pienso que hay una excelente oportunidad de mejora que seguramente hará reflexionar a los jefes con talento que están leyendo este artículo, ya que la respuesta para solucionar el problema, no puede provenir de otro lugar que desde los mismos jefes que pueden comprobar que con su actitud merman el rendimiento de sus subordinados.
Para ello, es preciso que cada líder pueda reconocer previamente que existe una necesidad de cambio y que tan sólo con un verdadero auto-exámen de sus conductas y un riguroso auto-juicio de sus acciones podrán ayudar a erradicar los comportamientos que más afectan a sus subordinados.
EL LIBRO
Una de las razones que me inspiró a hablar de este tema, es que acabo de terminar el libro, Los diez pecados capitales del jefe de Leo Farache (al final del post les dejo los detalles)… Luego de leerlo, la verdad es que he quedado convencido de que la figura del jefe desde nuestro particular punto de vista cultural, está muy arraigada y determina prácticamente la visión que tenemos de las personas que han sido puestas para dirigir a otras y su función en la empresa una vez hemos identificado su verdadero rol dentro de la misma.
La lectura de Los diez pecados capitales del jefe, permite al lector contrastar las experiencias y conocimientos de algunos nombres de referencia con las reveladoras aportaciones del autor; en donde se nota que ha actuado tanto como jefe y/o subordinado. El profesor Farache, logró reunir un buen puñado de anécdotas y recomendaciones para que los jefes, no caigan en la tentación de cometer alguno de los muchos errores que en la obra se traducen como pecados.
Recomiendo su lectura, sobre todo a aquellos interesados en el liderazgo y la retención del talento o la atracción del mismo.
Como sé que la palabra “pecado” siempre suscita interés y con la intención de darles un pequeño atisbo a los 10 pecados capitales que menciona el autor en su libro, les voy a dejar con sus enunciados y una breve reseña de cada uno, pero antes el currículo del profesor Farache, para que se formen una idea de su persona.
Leo Farache es licenciado en Ciencias Empresariales por la Universidad Autónoma de Madrid y Executive MBA por el Instituto de Empresa, ha sido profesor asociado de la Universidad Carlos III y director de publicidad de la SER, director general de Movierecord y de McCann Erikson y actualmente es director general de operaciones del Grupo Antevenio
LOS PECADOS
¿Cuáles son los 10 pecados capitales de los que todo jefe debe alejarse?
1. El jefe no decide, no manda: La ausencia de mando puede tener consecuencias muy negativas para la organización. Este vacío puede venir derivado de una no aceptación por parte del jefe de las responsabilidades asociadas al cargo, lo cual supone una dimisión implícita. El jefe que no manda, que no decide, es un estorbo. ¿Para qué queremos un jefe que no ejerza como tal?… Por otro lado, para mandar, hay que saber delegar. La esencia del mando radica en la delegación de funciones y tareas a un tercero, al que debe proporcionarle las herramientas adecuadas y al que controla y evalúa.
2. El jefe manda, pero no lidera: Para conseguir la complicidad de la organización, el jefe tiene que enviar señales, muchas de ellas muy sencillas, que le permitan ser tomado como referente. El carisma se construye a través de comportamientos cotidianos, no sólo con un verbo fácil y locuaz. El jefe que busca liderar su equipo tiene que encontrar mucha complicidad en él. Es cierto que toman decisiones, pero son incapaces de convertirlas en algo que los demás compartan. Existen jefes que parecen empeñados en distanciarse de sus subordinados, lo que hace imposible su liderazgo. Una de las características del líder es su capacidad para crear un equipo y consiguir que el conjunto esté por encima de la suma de las individualidades.
3. El jefe es un prepotente: (lo cual, a menudo, coincide con que el jefe no es muy educado, no es muy humano o no es muy honrado). El jefe es prepotente porque ha desarrollado su autoestima de una forma excesiva. Cree que las personas como él son diferentes a las demás, la gran mayoría, y que éstas no merecen su tiempo y estima.
4. El jefe oye pero no escucha: Escuchar lo que no se quiere oír es incómodo, difícil, pero necesario. El buen jefe que sabe escuchar obtiene valiosa información que le hace cuestionarse decisiones y formas de funcionamiento: tendrá más probabilidades de acierto. Escuchar aporta información, siembra dudas, mejora la decisión que sólo el jefe puede tomar.
5. El jefe pierde su propio control: Controlarse es dominar la capacidad y el valor de elegir. Dudo que nadie que haya desarrollado esa capacidad opte por hacerse daño a sí mismo. Quien no puede controlar esa primera decisión, la de cuidarse, y elige todo lo contrario, maltratarse, en un peligro como jefe.
6. Anteponer los resultados concretos a hacer las cosas bien: Aquellos jefes que anteponen los resultados concretos a hacer las cosas bien, cometen el sexto de los pecados capitales. Transmitir que uno quiere hacer las cosas bien, tiene mucho más fundamento que definir el objetivo en una cifra nominal e imponérselo a los demás. En la carrera por la calidad no existe línea de meta. Trabajar y vivir en una organización con jefes que sólo piensen en resultados, sin reparar en mejorar los medios y la estructura organizativa para conseguirlos, es descorazonador y muy desalentador.
7. El jefe no despide a los empleados o directivos perjudiciales: La miopía y la desidia hacen que un mando intermedio destructivo y que no permite que otras personas dependientes de él sean productivas, no sea despedido por su superior.
8. El jefe no piensa primero en los clientes: Poner en el centro de todo al cliente es algo que no falla. Eso sí, exige mucho esfuerzo y humildad. El jefe que peca anteponiéndose al cliente rompe la baraja del sentido común y hace que las personas que dependen de él se sientan siervos más que productores de un servicio para el que han sido contratados. Aunque todas las empresas dicen orientarse al cliente, el jefe es, en muchas ocasiones, el principal entorpecedor de este noble propósito
9. El jefe tiene miedo. O el jefe divide: Los jefes pueden ver en los compañeros a competidores. Pueden ver competencia donde en realidad hay aumento de riqueza intelectual, y eso es el principio de un mal final: el de las empresas repletas de personas a imagen y semejanza de quien contrata, que no quiere ningún tipo de sorpresa. El miedo paraliza a las personas y organizaciones. Y, lo que es aún más grave, el miedo a los posibles competidores internos obsesionan a los malos jefes, más pendientes de sobrevivir que de la eficacia de su gestión.
10. El jefe es injusto: El jefe es injusto cuando no entiende la importancia que tiene el dinero para sus subordinados y juega con el dinero ajeno. Justicia es el deber de dar a cada cual lo suyo, tarea nada fácil en el seno de una empresa.
11. ¿Tienes algún pecado capital que agregar?. Hazlo, ya que la lista no es limitante ni taxativa.
Reflexión: Ya sabemos que la labor del jefe es difícil y que su gestión está llena de responsabilidades que seguramente afectarán su personalidad y sobre todo su conducta. Por lo que la estar a cargo de dirigir personas puede traer como consecuencia el querer controlarlo todo con un mayor nivel de arbitrariedad en la toma de decisiones.
No obstante, si sabemos identificar estos 10 parámetros en nuestras actuaciones como jefes, podremos fácilmente revertirlos en función de mejorar nuestra actitud y nuestro desempeño como líderes. Es entonces necesario y conveniente que los subordinados nos miren como figuras a las que hay que seguir por propia convicción y no por imposición al sabernos poseedores del título de “jefe”.
Fuentes:
Libro: Los diez pecados capitales del jefe
ISBN: 9788496968431
Autor: Leo Farache
Editorial: Almuzara
Páginas: 272

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7 Comentarios en “Jefes, jerarquías y pecados”
Un post muy completo sobre las razones por las que ser jefe no es tan sencillo y, en consecuencia, el porcentaje de malos jefes es tan alto.
Personalmente pienso que todos los puntos expuestos se resumen en “falta de liderazgo”.
JM
Hola JM, pues si…es cierto que podemos resumir el post en una entera falta de liderazgo, no obstante, habría que analizarse también de dónde surge esa falta, ya que tal vez pueda deberse a un problema cultural, debido a que el enfoque suele variar dependiendo del país o la región.
Gracias por pasarte
SM
Buenos días.
La falta o no de liderazgo yo creo que es un factor culturla fuermente arraigado dependiendo de las zonas geográficas.
En España, por desgracia, nunca ha habido mucha cultura de liderazgo sino todo lo contrario, de jefe o gerente. Creo que de uno de los principales motivos es el tejido tan atomizado en las pymes que tenemos.
La no existencia de grandes empresas ha motivado que abundn los “jefes” y no “líderes”.
Post muy completo.
Saludos
Hola José Luis: Trabajando en el exterior es posible confirmar la teoría cultural, es por eso que hablo con propiedad sobre el tema.
Slds
SM
Leo Farache trabaja actualmente Think Smart.
¿Si se lo mando a mi jefe, como se lo tomará?
Gracias Silvia por la aclaratoria.
Saludos
SM