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Formación y mercado laboral: ¿Quién manda?

Por , en 9 de noviembre de 2008

Cuando me planteo esta pregunta, de quien influye en quien, algo claro tenía. Era el hecho de que en los tiempos que corren las cosas ocurren a una velocidad que desborda a todos y a todo. El presente fue ayer y el mañana ya es hoy.

Desde esta perspectiva pensaba inicialmente que los estudios más demandados para empezarlos hoy, tendrían que ver o dependerían de la demanda laboral y de las demandas de empleo que existen hoy.

Pero me he encontrado con una cuestión importante y que es que debemos de considerar que cualquier formación universitaria se extiende a lo lago de un plazo mínimo de 3 años, por lo que las premisas iniciales que marcaron el inicio de una formación pueden sufrir numerosos cambios durante este tiempo.

En base a esto, el artículo persigue el analizar las tendencias o evolución del mercado laboral y su interrelación con el mundo formativo, poniendo de antemano la dificultad de este objetivo, por lo que antes quedó plasmado en referencia a los rápidos cambios que sufre el entorno en nuestros días.

No obstante, he obtenido una serie de conclusiones importantes a la vez que claramente contrastables con respecto a la dualidad mercado laboral vs formación (educación).

Estas conclusiones, aunque se pueden extrapolar al todo el territorio nacional, pueden variar en función de cada comunidad autónoma por el hecho de que en cada una existe un tejido empresarial propio con unos sectores predominantes sobre otros. Lo que si es común en todo el territorio es la existencia de muchísimas micropymes (1-9) empleados y de empresas familiares.

Partiendo de la problemática inicialmente planteada he obtenido las siguientes conclusiones:

-Por un lado, se produce una intervención por parte de los poderes públicos, pese a la negativa a reconocer muchas veces de que es un intervencionismo publico en la oferta educativa de un modo indirecto.

Es decir, aunque existe libertad de elección de estudios que se quieren realizar, los poderes públicos puede limitar el número de matrículas y por lo tanto de profesionales que saldrá al mercado laboral en el futuro con esa formación, mediante la incorporación de una nota mínima para la entrada. Lo mismo sucede en caso contario, una bajada en la nota de acceso, puede fomentar el aumento de matrícula en una formación que el mercado laboral considere que es escasa y por lo tanto, con trabajo seguro una vez finalizados los estudios. El hecho en sí importante es ver como la intervención pública influye en la reestructuración del mundo formativo y con posterioridad en el mercado laboral, quedando claro que basta con una posible medida (pej. la citada de subir la nota de ingreso) para que se produzca una directriz que guíe o canalice la oferta formativa hacia estudios con mayor demanda o salida posterior al mercado.

Por lo tanto, los poderes públicos podrían intervenir de un modo indirecto en el mercado laboral a través de limitar la formación. Pero herramientas para ajustar demanda laboral y oferta de mano de obra las hay.

-En segundo lugar, podemos observar la evolución experimentada por la curva de la demanda de mano de obra a lo largo de este tiempo. Inicialmente se consideraba con mayor potencial de salida en el mercado laboral a aquel perfil con estudios universitarios. Ahora mismo, esta canalización producida hace unos años sobre este tipo de formación ha motivado que el mercado laboral demande perfiles con formación relacionadas con lo que se conoce como “oficios” y que se une a lo que antes era la antigua FP y actualmente Ciclos Formativos.

Los poderes públicos orientaron desde hace años a los jóvenes a la realización de estudios universitarios, por su interés de otorgar un grado más elevado de preparación a los habitantes de un país. Lo que no se estaban dando cuenta eran que se estaban produciendo dos fenómenos a la vez:

-por un lado, la saturación en un corto futuro del mercado laboral por licenciados, carentes de experiencia, en diferentes puestos en los que los universitarios competirían entre si, a la vez que generar universitarios sin posibilidades de colocación porque el mercado laboral no los podría asimilar.

-por otro, la escasez de personas formadas en actividades relacionadas con “profesiones”, lo que en un futuro traería consigo un aumento de la demanda de mano de obra por parte del mercado laboral hacia esos perfiles.

Cuando antes se “predicaba” con que los estudios universitarios era la solución para llegar al pleno empleo, ahora se necesitan fontaneros, electricistas, pintores,… porque no hay.

El mercado laboral desde este punto de vista es quien redirecciona la oferta formativa y no a la inversa. Las ofertas formativas siempre van a caballo del mercado laboral con lo que se produce un lapsus de tiempo entre que se oferta la mano de obra (terminar los estudios) y se demanda (demanda de mano de obra por parte del mercado laboral).

- En tercer lugar podemos ver los cambios experimentados en la oferta de mano de obra, es decir, en la formación que demanda los individuos que aspiran a incorporarse al mercado laboral en el futuro.

Ya no prima por encima de todo lo que se conocía como “vocación” (salvo en casos puntuales sobre todo con estudios vinculados a ramas de la salud).

Ahora el futuro oferente de mano de obra, racionalmente analiza la demanda de mano de obra por parte del mercado laboral y condiciona su formación a lo que éste dice. Es decir, con mucha lógica, no busca aquella oferta educativa que no posee demanda de mano de obra en el mundo laboral. Se redirecciona su formación hacia campos donde si existe mano de obra demandada y no satisfecha aún.

Pero esto puede ser peligroso por la razón esgrimida antes, de que lo que hoy tiene posibilidades de futuro, puede que mañana hoy, y la formación tarde en finalizarse “muchos mañanas después”. Condicionar la oferta educativa a los vaivenes del mercado laboral es algo por lo que se ve peligroso.

Como también lo es el hecho de condicionar el mercado laboral a la potencial mano de obra que salga del sistema educativo, es algo inviable.

- En cuarto y último lugar, he podido constatar que el tejido empresarial español está compuesto mayoritariamente por micropymes, unido a que muchas de ellas son familiares. Aquí ya no influye la formación sino el grado de parentesco con los socios de la empresa. Da igual la oferta educativa que el sector público de, que no va a ser cubierta. Esta va a ser sustituida por la experiencia “in situ” en la empresa. De ahí que luego muchas veces las empresas familiares desaparezcan porque la falta de profesionales preparados no es suplida muchas veces por la experiencia.

También tiene otros puntos negativos estas micropymes y es el hecho de que su estructura (por ejemplo de costes) muchas veces no le permite poseer un profesional con una formación especializada, por el mero de hecho que en cuanto recibe una oferta de empleo mejor se va. Por este motivo, unido a que no quieren dejar la empresa en manos “no familiares”, es que estas microempresas contratan a personal con perfiles formativos más bajos, dado a que es más difícil su “huída”.

POSIBLES SOLUCIONES

Se debería de crear un observatorio público permanente capaz de asimilar las demandas a corto plazo que el mercado laboral y poder “acto seguido” ofertar la formación necesaria, teniendo en cuenta que una vez cambiado las demandas laborales, no dejar este tipo de formación abierta a nuevas matriculaciones para que se cree un nicho de formados en paro.

Se debería de invertir en I+D+I, como método para reducir la incertidumbre en el mercado laboral y por lo tanto condicionar la formación hasta que la demanda quede cubierta.

Se debería a su vez limitar la matrícula en ciertos tipos de estudios para evitar en el futuro exceso de mano de obra en un área y la escasez en otra dentro de la demanda laboral.

Lo que si queda claro es que muy probablemente haría falta una intervención pública más eficiente en el área de la oferta de formación. Formar por formar a los ciudadanos es un craso error. Eso solo lleva a la obtención de un mejor ratio de formación de la población, pero no quiere decir que se ajusta a lo que realmente el mercado laboral demanda.

Si el objetivo es alcanzar algún día el pleno empleo los organismos públicos deben de tomar parte activa enla oferta educativa y ajustarla al mercado laboral, pero siempre contemplando la posible evolución de éste.

Fuentes:

Stockvault (Fotos)

Buscarempleo.El Nuevo Parquet

Manuel O. del Campo Villares

Fundación Tripartita

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1 Comentario en “Formación y mercado laboral: ¿Quién manda?”

1

[...] mercado laboral español está atravesando un momento en que la falta de empleo se contrasta con la sobrecapacitación y [...]

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