El Zen es una filosofía muy reconocida y respetada en Occidente que sienta sus bases sobre la simplicidad de las cosas y la necesidad de espacio, para lo cual primero se debe generar dicho espacio. Intentar aplicar lo que el Zen predica en el trabajo, va a ser un propósito que muchos se quieran proponer luego de leer los beneficios que esta escuela les puede traer.
De hecho, existen libros que abordan esta temática. Uno de ellos es “El Zen de la empresa”, el cual explica que cuando el budismo llegó a Japon se realizó una depuración, la cual se conoce como “Zen”, y cuyo objetivo estaba dado por la búsqueda del vacío.
Precisamente en la actualidad, la simplicidad y los espacios pueden resultar dos factores que se nos dificulte encontrarlo. Es por ello que les propongo prestar atención a unas pautas que nos describe Francesc Miralles, coautor del mencionado libro.
Trabajar aquí y ahora. Analizar profunda y constantemente las fallas del pasado no siempre es útil para resolver lo que está pasando en el presente. Es más productivo dejar aquello detrás y focalizar en el ahora.
Ver las crisis como una oportunidad. Si se puede lograr tener esta visión y creer en ella, se podrá crecer y movilizar los recursos personales para un mejor resultado de dicha situación que ha tocado vivir.
Un buen directivo debe transmitir seguridad. Debe tener una forma de trabajo clara, racional y realista, que le permita adaptarse a cualquier situación. Debe contar con buenas habilidades personales, desarrollando la empatía para entender las dificultades y motivaciones de su entorno y actuar en consecuencia.
Un líder debe procurar que el trabajo fluya. Con esto se pretende que la persona líder evite la pérdida de tiempo, procure la concentración y eficacia del trabajo, otorgando responsabilidades de forma correcta a cada persona de su equipo de trabajo.
Frente a problemas utilizar el sentido común. Antes de tomar cualquier medida drástica, primero buscar si hay un cuello de botella y desatascarlo. No perder la calma, meditar y actuar de forma correcta.
Ganar es un deporte de equipo. Dejar de lado el ego y trabajar en equipo, dando lo mejor de uno y aspirando conseguir los mejores resultados, tanto de forma grupal como personal, deseando el éxito de los restantes trabajadores del equipo.
Estas son algunas pautas que el Zen predica y muchas personas aplican, dando fieles testimonios de lo que han mejorado.
Como afirma Miralles, “Cualquier mejora que logre en su persona conducirá automáticamente a una mayor eficacia de los colaboradores -a través de su dirección- y a la buena marcha de toda la corporación”.



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