La anécdota que voy a relatar ocurrió en la primavera de 2006. El ayuntamiento de la ciudad había convocado oposiciones para cubrir varias plazas de administrativos. A dichas oposiciones concurrieron una docena de mis alumnos.
La primera prueba se desarrollaría al día siguiente y, mientras tanto, los nervios causaban los estragos habituales. Algo inquietos, pues, abundaban en los tópicos recurrentes en estos casos: se han presentado tres licenciados universitarios y yo sólo tengo estudios de formación profesional; por lo tanto, es inútil presentarme. De ese modo peligroso entretenían su ánimo.
En primer lugar, cada persona elige su camino, generalmente, por motivos vocacionales, por aptitudes… Es lógico que quien haya cursado estudios administrativos esté más capacitado para tal puesto que no un licenciado en filología hispánica.
Por la misma razón, lo que persigue todo aspirante es un puesto de trabajo que colme sus expectativas profesionales y un salario con el cual poder atender a sus necesidades y materializar sus proyectos. Mientras que para un filólogo, ejercer de administrativo es un peldaño en su camino hacia otros objetivos más codiciados, para una persona formada en estudios administrativos es precisamente dicho puesto quien hace posible colmar sus aspiraciones.
Por lo tanto no es la más alta formación sino la formación más idónea para el puesto lo que un experto en recursos humanos valorará en un aspirante. Darse cuenta de ello evitará desasosiego a los buscadores de empleo que envían a diario sus currículos a portales de Internet.
Autoestima alta, pero ¡ojo! Cada ámbito de actividad debe tender a la excelencia. No la descuidemos, pues. Especializarse, por ejemplo, en la utilización de las nuevas tecnologías, sí supondrá una ventaja competitiva para los aspirantes a un mismo puesto. Apuntar fuera de la diana no hace sino debilitar la propia estima.

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1 Comentario en “El empleo y otros demonios…”
Excelente artículo que desmitifica el miedo escénico de los opositores.