Formación, Opinión

¿Por qué Dios nos dio dos orejas y una boca?

Por , en 27 de noviembre de 2008

Porque dos son para “escuchar” y una para “hablar”.

Pues srá importante escuchar digo yo…..

Siempre he dicho y mantengo esa idea, de que cuando se intenta realizar una comunicación entre personas y esta no funciona, la mayoría de las veces es por culpa del comunicador. No utiliza los medios adecuados, no sabe transmitir el mensaje, no consigue captar el interés del interlocutor,…. No obstante, “dos no se comunican si uno no quiere”.El que escucha el mensaje debe tener voluntad de hacerlo.

En este mundo globalizado la habilidad de ser un buen comunicador es altamente valorada. Sin embargo, la habilidad de “saber escuchar” es tal vez aún más importante y, a la vez, difícil de desarrollar.

Comunicar bien, se puede potenciar. Escuchar bien ya es más complicado.

El buen comunicador que no sabe escuchar corre el riesgo de expresar en forma elocuente cosas que no le interesan a su interlocutor condicionando mucho la comunicación impidiendo a éste de recibir informaciones y conocimientos que requiere o hasta puede decir cosas que no le convienen del todo.

Está claro que un buen comunicador a la fuerza tiene o debe de tener algo desarrollado la facultad de escuchar, ya que sino corres el riesgo de convertirte en un orador y no en un comunicador. Por lo tanto te limitas a ser un transmisor de información más que ser un comunicador.

¿Por qué no resulta tan fácil desarrollar la habilidad de saber escuchar frente a la faceta más fácil de aprender a comunicarse?

Muchos investigadores del tema indican que nuestra cultura, desde los filósofos de la antigüedad hasta la actualidad, ha dado gran énfasis a la comunicación escrita (literatura, poesía, etc) y hablada (oratoria).

Es decir, se ha concentrado en el arte de expresar el pensamiento, pero se ha descuidado en desarrollar el arte de escuchar.

Siempre se ha concedido más importancia al sabe comunicar. La ente se acuerda siempre de los grandes comunicadores y no de los que escuchan.

Otro aspecto, tal vez más actual, es el hecho que, en la actualidad, debido a la frenética actividad humana, donde hay que hacerlo todo para ayer, pareciera que no existiera tiempo para escuchar.

No me podéis negar que mucha gente centra su atención en lo que va a decir una vez termine de hablar la otra persona sin prestar mucha atención en la información que está recibiendo ni mucho menos en reconocer el tono o los matices emotivos utilizados por la otra persona.

Además de ese error, existen otros que se deben evitar si queremos escuchar con verdadera atención y que detallamos a continuación:
• Observar sólo lo externo sin tomar en cuenta el contenido.
• Interrumpir constantemente al que habla para hacer algún señalamiento
• Concentrarse en una porción del mensaje sin darle importancia a su totalidad.
• Adaptar todo a una idea preconcebida.
• Prescindir de escuchar lo que resulta difícil.
• Permitir que las emociones bloqueen el mensaje.
• Ponerse a pensar en nuestros problemas en lugar de concentrarse en lo que se escucha.

Sin embargo, surgen las siguientes preguntas

¿Qué significa saber escuchar? y ¿Cómo podemos escuchar verdaderamente?

En cuanto a la primera interrogante podemos definir el concepto “saber escuchar” como aquella habilidad que nos posibilita comprender a los demás, en lo que se incluye percibir sentimientos y perspectivas de las otras personas e interesarse activamente por sus preocupaciones.

Es decir, saber captar el mensaje emitido y todo lo que lo rodea (comunicación verbal y no verbal, por ejemplo).

Saber escuchar nos brinda varios beneficios que resultan útiles tanto en nuestra vida personal como profesional y entre los cuales podríamos ver:

-Eleva la autoestima de quien habla ya que lo hace sentirse importante permitiendo una comunicación e interrelación más fluida y agradable.
-Facilita, a la persona que escucha, la identificación de los intereses y sentimientos de quien habla.
-Se reducen los posibles conflictos por malas interpretaciones
-Se aprende de los conocimientos de quien habla.
-Quien escucha con atención proyecta una imagen de respeto e inteligencia.
Con relación a la pregunta ¿Cómo podemos escuchar verdaderamente?, existen varias estrategias que podemos implementar para desarrollar esta habilidad y que serían:
-Dedicar el tiempo necesario para escuchar a la otra persona. La paciencia y la voluntad son características esenciales para ser buenos escuchas.
-Ayudar a la otra persona para que se sienta libre de hablar.
-No interrumpir. No puedes escuchar si está hablando
-Formular preguntas especialmente si no comprende algo que la otra persona le está diciendo. Esto estimula al otro y muestra que estás interesado.
-Reconocer los sentimientos ajenos y el lenguaje corporal de la conversación.
-Eliminar las distracciones. No jugar con, por ejemplo, pedazos de papel o con los dedos.
-Ser empático. Trate de comprender el punto de vista de la otra persona.
-Mantener la calma y el buen humor. Las discusiones y las críticas deben ser evitadas.
-Resumir o expresar con las propias palabras lo que se ha dicho.
En resumen, la habilidad de saber escuchar requiere, sobre todo, un esfuerzo empático, de “ponerse en los zapatos de los demás”, dejar a un lado, aunque sea temporalmente, nuestros problemas, temores y miedos y asumir que otros pueden ver el mundo de manera diferente.
Igualmente, requiere ser capaces de controlar las emociones propias que nos pueden producir escuchar alguna opinión que no resulte de nuestro agrado, o no coincida con nuestro punto de vista.

Conclusiones:

Frente al proceso de comunicación por parte del emisor, que se parte de una idea asertiva y proactiva, por parte del receptor priman más cualidades como la empatía (ponerse en lugar del comunicador) y el control de las emociones.

Escuchar activamente implica un esfuerzo y como tal supone un cansancio, físico y psíquico.

Saber escuchar, parte de la idea de que se debe de respetar la opinión de cada persona, ya que no todo el mundo piensa igual y todas las opiniones son igual de respetables.

La escucha activa supone un nuevo proceso de comunicación, es decir, tras asimilar el mensaje, comienza un transmisión de ideas con el comunicador (feedback), con lo que el que escucha pasa a ser comunicador y viceversa.

Un buen comunicador no tiene porque ser a la fuerza un gran “escuchador”. Son actividades distintas, con puntos distintos, como dejé claro en el primer punto de esas conclusiones. Es raro que si eres lo primero, no seas bueno en lo segundo, pero puede ser. Se dan casos de ente que domina las dos facetas, pero lo más normal es que tu punto fuerte sea una de las dos acciones, no siendo malo en la otra. Siempre se destaca más por algo.

Existen múltiples cursos para aprender a comunicarse, hablar en público,…, pero no existe formación tan específica para aprender a escuchar siendo esto algo igual de importante.

Ambas facetas comunicativas van unidas a la forma de ser de las personas y de sus características internas (intro o extrovertido, callado o locuaz, toma de decisiones rápidas o no, basarse todo pero antes experimentarlo o ni,….).

La comunicación es cosa de dos, por lo tanto es aconsejable mantener siempre un carácter abierto y proactivo.

La mejor forma de escuchar activamente es empezar un dialogo con el comunicador tras recibir la información que el quería transmitir. Eso demostrará una activa escucha y te permitirá aclarar cosas que inicialmente te podían haber pasado por alto.

Oir, salvo deficiencias físicas, oímos todos, escuchar ya no tanto.

Fuentes:

Everystockphoto (Fotos)

Portal de Comunicación

Comunicación Interpersonal

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2 Comentarios en “¿Por qué Dios nos dio dos orejas y una boca?”

1

Escuchar seguirá siendo difícil, porque al hacerlo también hemos de imaginar y a partir de allí se abren muchos caminos que pueden desvira nuestra atención ( a mi me pasa)… Aunque existen técnicas de concentración para mejorarla, la imaginación es inevitable.
SM

2

Ahi tienes razón amigo. De lo que escuchamos despues sigue la imagen que nos hacemos y esta puede difeir bastante de lo escuchado porque tenemos a veces demasiada imaginación.

Saludos

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