Hace unos días, el New York Times dio a conocer el malestar de los empleados de Google, debido a la decisión del buscador de modernizar el programa de guarderías y aumentar el precio del servicio.
La guardería que costaba 1.425 dólares mensuales por niño pasó a costar 2.500 dólares, lo que supone en una familia media con dos hijos pasar de costar 33.000 dólares al año a tener un coste de 57.000 “pavos”. El resultado de esta medida es sorprendente, había lista de espera de dos años con unas setecientas familias que ahora se ha reducido a la mitad.

Lo que sorprende es que la medida venga de Google. En 2007 el buscador fue elegido la mejor empresa para trabajar en Estados Unidos. Entonces, ¿cómo es posible que la compañía que destaca por la variedad de beneficios sociales que brinda (médico, nutricionista, tintorería, masajes, entrenador personal, piscina, spa, toboganes, salas de relax, biblioteca) le haga esto a sus googlers?
Dos profesores de Wharton, expertos en salarios, señalan este caso como un típico ejemplo de cómo es difícil recortar los beneficios concedidos a los empleados. “Una vez otorgado el beneficio, quitarlo es interpretado como una especie de violación de un contrato psicológico que se tiene con el trabajador”.

Además, de la sensación de pérdida que deben sentir su trabajadores, hay un aspecto que seguro muchos se sienten un tanto traicionados. Y es que por muchos altares en los que algunos la pongan, Google es una empresa, por tanto, este tipo de políticas no son desinteresadas. Si bien los empleados trabajan contentos, pasan todo el día dentro de sus oficinas, ofreciendo una realidad que desdibuja el límite vida personal- vida laboral. ¿Una nueva forma de esclavitud? No creo, los donuts y cafés son gratis…

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