Noticias, Opinión

Cuando interrumpen nuestro sueño

¿Cuál es la clave para ser un buen madrugador?
Por , en 1 de diciembre de 2011
Dormir

Dormir es necesario, pero sin abusar.

Madrugar. Qué terrible idea. ¿A quién se le ocurriría? Cuando caemos en los brazos de Morfeo y nos abandonamos a un sueño profundo, agradable, tranquilo, sereno, del que nada parece hacernos despertar… suena nuestro despertador para estropearnos la noche. Su interminable pitido nos embota los oídos. Entonces o nos levantamos sin rechistar o retrasamos la alarma y nos hacemos los remolones entre las sábanas. Un grave error, pues la irritante alarma volverá a sonar a los cinco minutos para romper nuevamente la armonía de nuestro descanso. Retrasamos lo inevitable y lo cierto es que en ese lapsus de tiempo extra que buscamos conseguir, nuestra mente ya no está en reposo porque en el subconciente permanece esa horrible sensación de: “voy a llegar tarde”. A pesar de todo, hay personas a las que le gusta tocar límite. Y solo cuando empieza a sonar la alarma del móvil, del despertador, del microondas, de la minicadena e incluso del televisor a la vez, se rinde finalmente ante esta orquesta sinfónica de pitidos agudos. Un nuevo día nos espera.

Dormir es necesario, imprescindible. ¿Por qué dormimos? Su finalidad no acaba de ser aclarada por los científicos, pero todo apunta a que mientras dormimos recargamos el cerebro y reparamos neuronas; también potenciamos nuestra memoria porque el cerebro reorganiza los datos, procesa la información aprendida y la archiva. Y además, el sistema cardiovascular se relaja, el cuerpo encuentra la oportunidad de reparar músculos, células muertas y otros tejidos dañados y, en el caso de los más jóvenes, las hormonas del crecimiento se liberan. Todo ello explica que si nos privaramos de dormir, acabaríamos trastornados y tal vez algo más grave. Randy Gardner quiso batir un récord Guiness bajo control científico y pasó 264 horas despierto, es decir: 11 días sin pegar ojo. El resultado fue que a los pocos días del experimento, perdió concentración y memoria; al cuarto día, fue víctima de alucinaciones y a los 11 ya no podía completar algunas tareas mentales básicas. Actualmente hay gente que trata de pasar días sin dormir para batir el último récord que registró Toimi Soini en Finlandia con 276 horas, pero hay que decir que el Libro Guiness de los Récords retiró esta categoría por ser peligrosa para la salud.

Pero de la misma forma que dormir poco o nada es grave para el desarrollo de cualquier ser humano, también dormir mucho es malo. Se ha demostrado que las personas que duermen siete horas viven más tiempo que las que duermen doce. Estar pegado a las sábanas hasta las doce de la mañana, a la larga, provoca un relajamiento excesivo en nuestro cuerpo, los biorritmos bajan, la velocidad metabólica también y experimentaremos la llamada “sensación de letargo” con la que sentiremos que nuestro organismo se vuelve más lento, está más cansaso y con menos ganas de hacer nada. Entramos en una fase de cansancio perpetuo. ¿Cuántas horas hay que dormir al día? Siempre se ha dicho que ocho, pero no es una regla de oro. Eso dependerá de cada persona y sus circunstancias. Hace poco, un estudio reveló que lo ideal eran siete horas. Lo único que sí es seguro es que dormir dos o dormir doce no es lo más apropiado ni aconsejable.

Parece ser que estamos destinados pues a madrugar. Nos obliga la rutina del día a día, pero también la propia salud. Madrugar no es incompatible con nadie. Hay personas que se preguntan si esta gente nace o se hace. Y si es de las que le cuesta levantarse, entonces es que ella no ha nacido para madrugar. El placer del autoengaño. Todo el mundo puede madrugar y todo el mundo puede ser perezoso. Despegar los párpados y ponerse las pilas puede parecer una tarea ardua cada mañana, pero con la estrategia adecuada ¡es fácil!

Seguramente nos encontraremos dentro de uno de estos dos grupos de madrugadores: los que se acuestan siempre a una hora fija para descansar lo suficiente o los que se acuestan cuando están muy, muy cansados. Y luego siguiendo el consejo de las ocho horas mínimas pensamos: “si me acuesto a las 12:00 y me levanto a las 08:00, si tengo que levantarme a las 06:00 tendré que acostarme a las 10:00 de la noche”. ¡Error! Si tratas de dormir todos los días a la misma hora porque tienes la costumbre de acostarte a las diez de la noche, muchas veces llegarás a la cama sin suficiente sueño y perderás tiempo intentando conciliarlo. De hecho, si tardas más de cinco minutos en dormir es que no tenías suficiente sueño. Partir de la idea de que necesitamos un mínimo de horas de sueño es partir de un supuesto erróneo. Las necesidades de sueño de cada cual son variables. Aquellos que, por contra, se acuesten a las tres de la madrugada al límite de sus fuerzas, excederán el sueño y dormirán mucho más de lo que realmente necesitan y, si se obligan ellas mismas a ponerse en pie a una hora estipulada, entonces acumularán horas de sueño y ya sabemos lo que ello conlleva.

¿Cuál es entonces la solución para ser un buen madrugador? La clave está en irse a la cama cuando uno tiene sueño y solo cuando tiene sueño. Si te fuerzas a dormir antes o después de la sensación somnífera, acostumbraremos mal al cuerpo. A la hora de despertarse, hay que fijarse una hora siempre para los siete días de la semana, de forma que nos levantaremos siempre a la misma hora, pero nos acostaremos a horas diferentes cada noche. La idea es acostarse únicamente cuando sintamos la necesidad, la prueba que podemos hacer para ello es ponernos a leer. Si no podemos aguantar la lectura de una o dos páginas estamos listos para cerrar los ojos y entonces te dormirás antes de tres minutos. Si no tienes sueño, levántate hasta que se te cierren los ojos. Conseguido esto, otro consejo: levántate nada más suene la alarma de tu despertador. No pierdas tiempo pensando en lo beneficioso de dormir, o en lo blandito del colchón y lo duro del día que te espera. Incorpórate en la cama al acto y ponte a vestirte, el mono se nos quitará rápidamente. Si vas descalzo, apoya los pies en el suelo. El frío despertará tu cerebro y te agilizará. Es como esa sensación que nos invade cuando salimos a la calle de buena mañana y el aire matutino nos azota el rostro. En ese instante nos vemos más despiertos y felices que nunca.

Después de varios días siguiendo este sistema, tus patrones de sueño seguirán un ritmo natural. Tu cuerpo aprenderá a pedir la hora de sueño cuando toque, porque la hora de levantarse no es negociable. Si somos rígidos en ese aspecto, dominaremos al sueño y nos haremos perfectos madrugadores. Si nos abandonamos a Morfeo, entonces estaremos bajo su dominio cada mañana.

Fuente: microsiervos.com

Foto: Happy Batatinha

Comentar | Trackbacks Cerrados.

1 Comentario en “Cuando interrumpen nuestro sueño”

1

Muy aclarador. Es el método que sigo pero tomo nota de algunos detalles.
A mi lo que me faltan son horas del día.

Deja tu comentario

 

 

 


 

Previsualización del Comentario

  



 

Suscríbete a Buscarempleo.es

Secciones

Canales

© Copyright 2012, SmallSquid.com. Red de blogs, SEO y Webs 2.0

SmallSquid.com está gestionado con WordPress

Creative Commons - Some Rights Reserved
 
Un proyecto realizado por Blogestudio