
Si pudiéramos rescatar en este momento de un modo instantáneo los recuerdos estudiantiles de un buen número de internautas habría una conducta que, sin duda, se repetiría en la mayoría. En el colegio apenas sin darnos cuenta, nos plantábamos a poco tiempo de los exámenes sin haber cumplido nuestros propósitos de estudio diario. Más tarde, en la universidad, ocurría más de lo mismo. A pesar de un largo periodo de tiempo disponible el tiempo corría veloz y no era hasta poco tiempo antes de las temidas pruebas de febrero o junio cuando nos disponíamos a hincar codos, ocupando si hacía falta las silenciosas noches de madrugada. Esta actitud se ha venido repitiendo a lo largo de muchos años, en un gran número de personas, generación tras generación.
El problema es que esta costumbre no sólo se ha perpetuado sino que se ha dignificado y contagiado calificando de atípico y excesivo lo contrario. Sin embargo si todos pudiéramos conseguir encontrar un equilibrio en nuestra planificación cuando estamos estudiando llegaríamos a nuestros puestos de trabajo mucho más preparados para saltar esa temida barrera del estrés laboral y nos ahorraríamos más de un quebradero de cabeza. Si las distracciones laborales son tu pan de cada día, si ves como tu tiempo se te escapa sin haberlo aprovechado, te interesará leer esto.
La conducta de la que te hablamos es lo que clásicamente se denomina: una mala organización en toda regla y no hay nadie que no haya sido víctima de ella en algún momento. El problema no es cuando se da esporádicamente sino cuando esa pésima organización se convierte en una costumbre diaria. Muchas personas se plantean ciertos objetivos diarios o mensuales pero pecan de dejarlo todo para última hora. Está claro que bajo presión, rendimos más. En cambio las personas que consiguen planificar de un modo correcto sus actividades diarios y además cumplirlas disfrutan de una vida laboral mucho más equilibrada y presentan muchos menos síntomas de estrés e insatisfacción laboral.
Ocurre, a veces, que culpamos a la empresa de exigirnos demasiado y nos adentramos en una espiral de quejas y críticas que acaban con nuestra motivación. No hay duda de que muchos trabajadores están sometidos a un horario de trabajo excesivo bajo unas condiciones externas complicadas pero ¿no es cierto que, a veces, eres tú mismo el que propicia tu estrés por no haber sabido organizarte bien? Quizás ni si quiera eres consciente de ello. ¿Por qué? Pues porque llevas toda tu vida haciéndolo y quizás nadie te ha hablado de los beneficios de un sistema de trabajo diferente y mejor.
No es una tontería. Cambiar tu sistema puede mejorar tu rendimiento en el trabajo y, lo que es más importante, tu vida personal. ¿Imaginas no tener que llevarte el trabajo a casa? ¿Cerrar el mes sin ese cuadro de estrés al que estás acostumbrado? ¿Dejar de mirar angustiosamente el reloj o el calendario? No es una utopía sino una realidad a tu alcance que depende única y exclusivamente de ti.
Para conseguir esto tienes que tener en cuenta que el mayor enemigo de tu rendimiento diario son las distracciones. Si eres una de las miles de personas que trabajan frente a un ordenador la situación se complica. Además de las habituales distracciones con que nos bombardea la red en forma de revistas, foros o webs están los distintos sistemas de chats. Hace un tiempo era impensable que, por ejemplo, un trabajador pudiera simultanear su trabajo en un ordenador con una conversación de Messenger. Tradicionalmente este programa de intercambio se veía despoblado de usuarios en las horas de la mañana. Sin embargo, en la actualidad, la costumbre de llegar a la oficina, abrir el documento de trabajo en una pestaña y en otra una conversación con un amigo no es nada difícil de encontrar.
De hecho muchas empresas han comenzado a controlar el tipo de contenido que visitan sus empleados. Existen ya casos reales de gente que ha sido despedida por sus continuas conversaciones virtuales en horas laborales pese a haberse advertido varias veces del rechazo de su uso por parte de la empresa. Otras empresas menos estrictas permiten su uso esporádico como herramienta para desconectar pero nunca de manera continuada. El problema es ¿Dónde está el límite?
Independientemente de lo que opine tu jefe de esto, tú debes pensar lo siguiente ¿eres capaz de controlarte a ti mismo? ¿Dices que vas a hablar un rato para distraerte y pasas media mañana enganchada a él? ¿Cuántas horas de rendimiento le restan herramientas como estas a tus actividades diarias? y sobre todo ¿Por qué no haces las cosas en orden? Piensa que sería mucho mejor rendir al máximo durante tus horas de trabajo y dejar este tipo de actividades para tu tiempo de ocio porque, sino, restaras horas a tu tiempo libre por tener que terminar algo que podrías haber finalizado perfectamente en la oficina.
No se trata de pasar ocho horas de trabajo sin descansar. Se trata de planificar exactamente en qué franjas horarias vamos a trabajar intensamente y cuál es el periodo establecido para el descanso. Ni que decir tiene que es mucho mejor descansar desayunando o charlando con los compañeros que delante del ordenador.
Otra causa que puede distraerte en la oficina es el típico compañero capaz de trabajar a la vez que no para de conversar sobre otros temas. Cada persona necesita su propio estado de concentración. Muchos empleados se han sentido realmente agobiados por ese asunto ralentizando más del doble su trabajo por no saber explicar a tiempo y educadamente a su compañero de un modo natural que no le es posible trabajar así.
Una vez que elimines todas tus fuentes de distracciones y te decidas a hacer un verdadero planing de trabajo verás como tu vida profesional es más productiva y te sientes más a gusto en tu tiempo libre. Te recomendamos leer el post Claves para organizarte en sus versiones 1 y 2. No lo dejes para mañana ¡Propóntelo ahora mismo!
Foto: Cell105.

Añadir a Del.Icio.Us



Comentarios de “No dejes para mañana lo que puedas hacer ¡ahora mismo!”
Aun no se han realizado comentarios.