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Mi primer día de trabajo

Por , en 16 de enero de 2008

“¡Suerte en tu primer día de cole!,” -deja caer algún amigo, en tono jocoso, para desearte ánimo, en el que va a ser tu primer día de trabajo. Aunque más allá de la broma, hay cierta similitud con aquellos tiempos de mochila a cuestas: la incertidumbre, el nerviosismo, las caras nuevas, etc.

Hay quien sabe ver el lado bueno, y se consuela pensando que no habrá otro día que se cobre más por trabajar menos, en el que todos sonrían, sin una sola crítica. Puedes ir en corbata, pero la productividad que aportas ese día, equivale a la que generarías una tarde de domingo en zapatillas de andar por casa.

Y como no todo el monte es orégano, pasemos a desenvolver el regalo que se esconde detrás del lazo de bienvenida. El pastel que se come todo buen novato se llama “que no se te olvide, ten en cuenta, tienes que aprenderte…, un par de cosillas más…”, sólo unas frases que te informan de todo un poco, a modo de introducción inofensiva, pero que empiezan a colapsar tu disco duro con cien mil tareas y funciones.

La documentación, ficheros, impresos y formularios desfilan por tu recién estrenada mesa, hasta cobrar las dimensiones de un rascacielos; lo cual no te preocupa mucho por el momento, porque te sirven para protegerte, cual fortaleza, de las miradas curiosas de los compañeros, que aburridos, encuentran en el nuevo un gracioso ejemplar, al que observar detenidamente.

Eliges un papel al azar de los apilados sobre tu mesa, y decides que, al menos, hay que mover las páginas de derecha a izquierda, por aquello de que te vean aplicado y motivado. Ante las reiteradas preguntas de “¿qué tal?, ¿cómo lo llevas?, ¿te vas haciendo con ello?”, respondes por trigésima vez “sí, sí, ahí estamos”, procurando sonreír, parecer relajado, al tiempo que intentas mantener el equilibrio y reclinarte en la silla vieja, que aún no has regulado y chirría.

Uno de los momentos críticos es cuando comienzan a hablarte de compañeros, jefes y clientes, a los que se supone que te han presentado. Entonces te retrotraes a ese juego de la infancia, en el que a partir de rasgos (¿lleva gafas, tiene bigote?) intentabas adivinar si era Paul o Paula.

Nadie está exento de cierta ansiedad, bloqueo e inseguridad en este primer día, que abre el fuego de unos cuantos más que le seguirán, hasta ir familiarizándote con tus competencias, equipo de trabajo e información básica. Ahora bien, puedes utilizar pequeñas estrategias de afrontamiento que te serán útiles, o puedes sentir que te cuelgan atado por los pies desde un décimo piso, mientras te ofrecen café desde la ventana, muy cortésmente.

Si eliges la primera opción, escucha:

-Ya que vas a ser el centro de las miradas, procura no ser el blanco perfecto. Es decir, en la medida de lo posible elige ropa con la que te sientas cómodo, por ejemplo colores neutros. No se trata de un desfile de modelos, en el que tengas que sobresapretón de manosalir por tu elegancia.

-Ante el cebo tentador de establecer las primeras alianzas con algunos, a costa de hablar mal de terceros, di NO. Haz uso de tu derecho a no opinar, con la fácil explicación de “no sé, hasta que no lo vea, como acabo de llegar, habrá que ir viéndolo”

-Aprovecha a hacer todas las preguntas posibles, ¡qué mejor momento!. No des nada por sentado, en ese día todas las respuestas te serán concedidas, y nadie valorará negativamente tu curiosidad. De hecho, se sentirán halagados de que tengas en consideración su opinión.

-No te comprometas desde el principio a dar soluciones, en cuestión de minutos, a problemas, que probablemente lleven meses en la empresa. Si fallas puede dar la sensación de impulsividad y prepotencia; si das en el clavo, aumentarás la exigencia en futuras cuestiones. Mejor tómate tu tiempo.

-Un buen truco para recordar los nombres de los compañeros es repetirlos en una frase inmediatamente después de que los mencionen: “encantado, Paco; hasta mañana María; te veo luego entonces, Sergio”. No obstante, ante la duda, pregunta. Con los errores de los demás, somos más benévolos cuando se reconocen, y menos, si se intentan forzadamente disimular. “Perdona, sé que ya me lo has dicho, pero ¿cómo te llamabas?”

-Concédete el derecho a desmarcarte del ritmo de trabajo del resto en esas primeras semanas. Aun así, puedes ir haciéndote un mapa mental de los criterios que utilizan para discriminar entre urgente, importante y secundario.

-En esta fase no te saltes ningún desayuno o comida, son vitales. Apúntate a todos los descansos, en ellos puedes recabar información extraoficial o personal (forma de ser, contactos, puntos fuertes, conflictos con terceros), que sea relevante para poner en marcha las habilidades sociales, que necesites en futuras reuniones de equipo.

-Aunque lógicamente te mostrarás más reservado y observador, no dejes de manifestar parte de tu autenticidad por miedo a ser rechazado o desaprobado socialmente. No es raro intentar caer bien, pero dar una imagen distorsionada a la larga suele traer complicaciones y malentendidos.Nuevo en la oficina

-No te de apuro parecer un bachiller tomando notas. Hazte con un cuaderno para anotar, de forma esquemática, todas aquellos elementos (jerarquía, cargos, procedimientos, horarios, códigos, personas con las que has de hablar o contactar habitualmente) que el resto da por sentado, pero que pueden enlentecer o complicar tu trabajo en los primeros días, al no tenerlas automatizadas.

-Acepta las invitaciones que te hagan ese día, lo normal es que te tomes del orden de unos 5 o 6 cafés. Es una buena forma de romper el hielo, e ir conociendo las tareas que competen a cada uno.

-Son conscientes de que puedes estar desbordado con tanta información, pero también valorarán que enfoques los objetivos con optimismo y energía. Utilizar el humor te servirá para aceptar con positividad este nuevo reto. Pase lo que pase, intenta ver el lado amable de las cosas.

-Pese a que puedas sentirte más tímido o inhibido, intenta mantener un tono de voz alto y firme, para que puedan oírte con claridad.

-En las primeras reuniones expresa que “lo pensarás, lo estudiarás, o consultarás”. No tienes por qué posicionarte inmediatamente, hasta que no tengas una perspectiva completa de todo el funcionamiento de la compañía.

Intenta seguir estas pautas, con el entusiasmo del viajero que acaba de llegar a un nuevo país, y tiene que hacerse con sus costumbres y reglas. Todo está por hacer, no te lo pongas más difícil, pues quizá este sea el principio de una bonita amistad entre tu vida laboral y personal.

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1 Comentario en “Mi primer día de trabajo”

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[...] algún deporte. En muchas ocasiones, solemos echar la culpa al horario laboral o al propio ritmo de trabajo, al que echamos la culpa… Pero tranquilos, creo que con hacer alguna actividad deportiva dos [...]

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