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Intentando pasar página sin cerrarse puertas

Cómo “moverse” sin tener enfrentamientos desagradables ni disgustos
Por , en 19 de marzo de 2008

Aunque en algunas empresas parezca mentira, es posible convencer a nuestros superiores directos de los beneficios que tendría nuestra movilidad, dentro de la empresa. Cerca de un 15% de los empleados evolucionan dentro de su empresa, la movilidad es algo saludable que satisface tanto a trabajadores como a empresarios.

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Es importante hacerlo en el momento oportuno y de manera ventajosa. Según los especialistas en gestión de carreras profesionales, cada vez se producen más rupturas y cambios radicales de oficio debido a la evolución del mercado laboral. Sin embargo, tomar la iniciativa es un riesgo que muy pocos se atreven a correr; sobre todo si implica poner la cabeza encima de la mesa.

Cambiar de trabajo permaneciendo en la misma empresa es indiscutiblemente menos aventurado que cambiar a “modo emprendedor”. El asalariado conoce su empresa, la cultura empresarial, lo que se espera de él, la forma de trabajar. Puede beneficiarse de nuevas formaciones a la vez que conserva su antigüedad y empleo. En caso de movilidad, si la cosa no se da bien es posible que le ofrezcan volver al puesto que anteriormente desarrollaba. Los empresarios más “atrevidos” aprovechan la oportunidad de mezclar equipos de trabajo y mejorar la creatividad de los grupos. Al mismo tiempo, valora la política de evolución de carrera, algo que es beneficioso para la comunicación interna.


Sin embargo, para dar el paso es necesario haber madurado a nivel profesional e incluso tener una economía saludable, un cambio de funciones provoca cierta desestabilización en la persona y en su familia, amigos y entorno cercano.

Una nueva orientación profesional no debe improvisarse. Se recomienda controlar minuciosamente dónde se sitúa el servicio o el departamento al que queremos optar así como su estructura. De la misma manera es imprescindible tener una visión realista de nuestras capacidades. Aunque la empresa proponga formaciones específicas, es necesario garantizar, antes de lanzarse, que se poseen las competencias básicas para triunfar en nuestro futuro puesto de trabajo. Por ejemplo, un ingeniero de producción puede cambiar a director de compras gracias a su conocimiento de los mecanismos industriales. En cambio, es bastante difícil que un jurista pase a director de informática.

La diplomacia y la fuerza de convicción con los elementos fundamentales para que nos concedan la confianza necesaria. Se trata de hacer autobombo sobre nuestras capacidades. Para ello es necesario conocerse bien uno mismo: qué es lo que nos apasiona y lo que más nos gusta de nuestro trabajo. Es necesario probar que nuestras competencias pueden ser fácilmente transferibles al puesto de trabajo por el que optamos.

A nivel práctico, antes de dar el paso, puede ser útil solicitar un informe de las competencias necesarias para el puesto con el fin de adaptarnos al mismo. Claro, que no todas las empresas saben ni siquiera lo que es eso. Y eso las que tienen definidos los perfiles para los puestos de trabajo… Los recursos humanos no son omniscentes. Con el fin de disminuir el riesgo, es necesario admitir los dictámenes en la empresa, interrogando, en particular, los jefes que han trabajado contigo.

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