Cada vez más el ambiente de trabajo entre los empleados empieza a ser una variable significativa a tener en cuenta, no sólo en términos de rendimiento o productividad, sino también como factor influyente en el grado de satisfacción laboral. Y es que el clima laboral, cuando es sano, se convierte en un sueldo emocional tan válido como el económico.
Un entorno positivo de trabajo comprende actitudes de compañerismo, críticas constructivas, habilidades para trabajar en equipo, respeto, etc. Es bueno saber detectar los hábitos negativas de los trabajadores, que boicotean el buen clima, aumentan la ineficacia de los procesos, y obstaculizan la consecución de objetivos, al tiempo que fomentan un estado de tensión, alerta, incomodidad y desconfianza entre compañeros.
Estos comportamientos que cargan y saturan, pertenecen a los llamados “trabajadores tóxicos”, aunque sería más conveniente hablar de conductas tóxicas, pues no hay empleados que actúen siempre de la misma forma en grado absoluto. Hablamos de:
-Descalificar o etiquetar negativamente a compañeros, jefes o clientes.
-Aprovecharse del trabajo de otros.
-”Escaquearse” de tareas difíciles.
-Extender rumores o distorsionar información a transmitir.
-Valerse de engaños para ascender.
-Perder el tiempo intencionadamente (llamadas personales, descansos interminables).
-Usurpar beneficios o dinero de forma irregular.
-Actitudes prepotentes o con tendencia a generar conflictos
A veces es difícil que se les despida, porque su bajo rendimiento se camufla entre el de sus compañeros. En otras ocasiones es que tienen influencias en la empresa, o no se quiere (o puede) asumir los costes de lo que legalmente sería un despido improcedente, pues no está contemplado decir “adiós” a alguien por “toxicidad”.
Por otra parte, tener compañeros que tengan prácticas tóxicas con frecuencia es una de las razones para pensar en un cambio de trabajo. Aunque sean una minoría, los empleados que se significan así, propagan un ambiente de disconformidad, insatisfacción y descontento, que ralentiza la consecución de los objetivos de la compañía, e inhiben la creatividad y el desarrollo.
Un estudio de la consultora Otto Walter, después de entrevistar a 650 directivos y más de 3000 empleados, ha recopilado los siete prototipos de empleados tóxicos, quienes pueden atentar contra la estabilidad y el buen funcionamiento de una organización:
1. En primer lugar, están los provocadores de conflictos. Cuestionan todas las instrucciones y directrices de los supervisores, son intransigentes y excesivamente críticos con sus iguales, siempre tienen algún problema o queja que plantear (aunque no sugieren soluciones), utilizan malas formas para hacer peticiones y descalifican continuamente a otros y a la empresa en general.
2. En el segundo puesto hallamos a los holgazanes. Se evaden de las responsabilidades y compromisos, seleccionan las tareas a hacer en función del nivel de dificultad y sus gustos, nunca proponen por iniciativa propia implicarse en más áreas de las estrictamente requeridas en su contrato, llevan un ritmo lento y siempre ponen excusas ajenas a ellos cuando se les señala que no se han conseguido determinadas metas.
3. Los incompetentes. Debieron inflar el currículum, porque muestran que no están capacitados para el puesto que ocupan. Algunos ejemplos de este tipo se ven en la inhabilidad o dificultad para aprender nuevos cometidos o reciclarse, reiterarse una y otra vez en los mismos fallos, incapacidad para retener información o datos nuevos, etc.
4. Los fraudulentos. Se las ingenian para mentir o estafar. No se puede confiar en ellos, porque se les ha “pillado” alguna vez apropiándose de beneficios de la empresa, falsificando documentos, robando u usando bienes materiales de la compañía con fines personales o lucrativos.
5. Los de cuerpo presente. Acuden fieles a sus puestos, pero en cómputo real trabajan la mitad que el resto de compañeros, a quienes sobrecargan de tareas, con sus mal disimuladas escapadas al baño, a realizar asuntos personales, o con la desconexión mental que reflejan, pese a estar sentados en sus sillas.
6. Los enemigos del jefe. Empleados que muestran abiertamente animadversión hacia su superior y la política de la empresa. Invierten una gran parte de tiempo en desprestigiar y cuestionar las funciones de su director, evidenciándole delante de los demás compañeros.
Estadísticamente, las jefas reciben ataques tóxicos en mayor porcentaje que sus análogos masculinos: se menosprecian sus competencias en mayor grado, y los comentarios sexistas sobre ellas se extienden más fácilmente.
7. Los soberbios. Este último arquetipo de trabajadores tóxicos, al contrario que los anteriores, manifiestan un alto rendimiento y una gran motivación de superación. Pero contaminan al equipo de trabajo con sus pretensiones e incapacidad para aceptar una crítica, pues creen que están al 100% en posesión de la verdad, como si su estilo de trabajo fuera el único aceptable. Asumen el rol de líder prepotente, que no es elegido democráticamente por el resto, y que subestima las aportaciones de los demás en las reuniones de grupo.
Entre sus armas destructivas pueden utilizar el chantaje o la coacción, exigiendo unas retribuciones abusivas, bajo amenaza de irse de la compañía dejando proyectos abiertos, y haciendo hincapié en el gran valor que pierde la empresa con su retirada.
La toxicidad no es una cuestión de jerarquías, pues puede encontrarse tanto en los más altos mandos y directivos, como en los que ocupan el último escalafón en la organización.
A veces puede manifestarse de forma explícita, como en los ejemplos que os hemos expuesto, y otras de manera más sutil. Esta última modalidad no siempre se identifica con claridad, pero el que la padece siente que la tensión puede percibirse hasta en los silencios, los gestos de desaprobación, y otras señales del lenguaje no verbal.
Igual que un cómic de héroes y villanos, estas conductas tóxicas también tienen sus antagonistas, y en todos los trabajos se hallan los llamados “empleados sanos o medicina”, quienes se caracterizan precisamente por todo lo contrario.
Luego en ocasiones, el clima laboral puede reequilibrarse y sanearse, si contamos con compañeros o jefes que saben hacer críticas constructivas, siempre tienen una palabra amable o de ánimo, generan una solución para cada problema, refuerzan y valoran el desempeño de los demás, demuestran que la opinión de los otros es un elemento más a considerar, y pasen por donde pasen, respiran y transmiten positividad.
Foto: Edans


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2 Comentarios en “Empleados tóxicos”
[...] es lo que el trabajador persigue, para poder satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin tener que incurrir en especulaciones o vivir con temor de quedarse sin ingresos por la ruptura del vínculo laboral, sea la causa [...]
soy empleada adm. de un supermercado el cual en estos momentos esta atravezando una crisis general… a mi en particular me preocupa el desanimo, la falta de compromiso de responsabilidad en general de todos los empleados…. no sabria como hacer para motivarlos… me gustaria alguna idea….. porsupuesto el articulo ..esta tal cual es… las relaciones dentro del ambito laboral…..