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Cabrearse en el trabajo

Nunca viene mal un puñetazo en la mesa a tiempo
Por , en 18 de marzo de 2008

El medio profesional, sobre todo en las altas cumbres del management, niega el “derecho al cabreo” pese a que se trata de una emoción fundamental para mayor beneficio del individuo y del grupo de trabajo.

Inexplicablemente a Raquel se le fundieron los plomos una mañana en plena reunión estratégica, secretaria ejemplar e inteligente como pocas no aguantó una observación con muy poco tacto por parte de la directora general que rayaba lo personal. De repente se levantó, cogió uno de los muchos premios de cerámica que había en la sala de juntas y lo estampó contra la pared. Se hizo añicos. Durante unos segundos nadie fue capaz de decir nada, se puso a llorar. Una de las personas más discretas de la oficina había mostrado una conducta agresiva e impropia. Una de dos, o era una hipócrita o se había estado comportando todo el tiempo conforme a las normas no escritas que dictan cómo hay que comportarse en una empresa. Al día siguiente presentó la baja voluntaria.

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Era Navidad, una conocida superficie comercial de Alcorcón necesitaba personal para su sección de pescadería. Justo la semana de Navidad cuando más trabajo hay y menos personas quieren trabajar. Dos chicos de mediana edad y sin experiencia se lían a ostias el día 23 de diciembre delante de los clientes. Quedan despedidos inmediatamente y paso el mayor bochorno de mi vida. Después de las fiestas de Navidad, ninguno de los dos es capaz de contarme lo que había pasado. De aclarar porqué se pegaron en horario laboral, ¿estrés?, ¿no habían aclarado sus diferencias?


La ira es una de las seis emociones fundamentales, es indispensable para explicar nuestra evolución como especie. Al igual que en las otras: miedo, alegría, tristeza, sorpresa y aversión; las emociones se han visto mediatizadas por la complejidad social en que vivimos. La ira es una emoción singular, es la más negativa de todas. En el mundo de la empresa está muy mal vista y es posiblemente la menos aceptable de todas. En la mayoría de los sectores productivos se niega. A causa de esto, los individuos se sienten cortados ante la necesidad de expresar su enfado porque la necesidad de explicitarla también se rechaza. ¿Cómo salir de este callejón sin salida?

El gran problema de cabrearte en el trabajo es el desfase que hay entre nuestra percepción de la situación (porque es posible que los demás no entiendan nuestra emoción) y una expresión de prueba para uno mismo y los demás. Un acto de furia como pegarle una patada a un monitor no suele estar bien visto en el trabajo. Toda esta energía debe ser administrada lo mejor posible. Lo que tenemos que hacer es atacar las frustraciones que la producen.

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La ira no es siempre consecuencia directa de una acumulación de frustraciones o la manifestación de una frustración más importante de lo habitual. En la oficina puede que no nos esperen a comer (un detalle que molesta a algunos pero que a otros les da igual), una injusticia salarial o una falta de respeto. Basta con que la persona se sienta amenazada una vez para que desencadene una conducta de ataque o huída.
Digamos que existen cuatro posibilidades. La primera es que la persona estalle, su interior se sentirá mejor pero los daños suelen ser considerables. Algunos enfados se toleran, sobre todo en algunos puestos de trabajo. Lo segundo que puede ocurrir es que la persona se contenga, es un alivio para el ambiente laboral pero un desastre a nivel individual. Estos desajustes internos aumentan en tres o cuatro veces el riesgo de infarto de miocardio. Otra cosa que pueda ocurrir es que la ira sea desviada y se exprese en otro lugar y momento. Es el caso del sabotaje del que hablábamos con lo de “patada al monitor”. La última opción es la más sana y la más difícil de elaborar, la persona expresa lo que siente y es lo más sano. Desgraciadamente sólo puede darse en ambientes laborales en los que la agresividad esté controlada.

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2 Comentarios en “Cabrearse en el trabajo”

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Perdona que discrepe, pero la ira SI es una consecuencia clara y directa de que existe una acumulación de frustraciones y que cuando estalla ha llegado a su límite… Es una cuestión muy humana, muy instintiva y muy básica El cerebro frontal o La “Corteza Cerebral” maneja nuestra conducta en sociedad casi todo el tiempo, pero sólo hace falta algo que nos lleve a despertar nuestros instintos más básicos para que se haga cargo el “Sistema Límbico” que es el que desata la ira cuando el individuo se siente amenazado. Aunque ambos funcionan juntos también actúan con “parámetros diferentes”, pero útiles a la hora de las definiciones. Se evita así el exceso en las tomas de decisiones. El Cerebro Frontal se conecta con el mundo externo, gracias a la vista y el oído, y el otro sistema, el Límbico no se puede expresar verbalmente por lo primitivo, así que controla a través de “Emociones, vísceras y síntomas ligados a ellos”: náuseas, sofocamientos, respiración y pulsos agitados, necesidad urgente de orinar o defecar, miedo, temor, rabia, tristeza, pesimismo, hambre, sed, vómitos, huída o paranoia, cefaleas o dolores la manifestación de una frustración más importante de lo habitual… Todas estas manifestaciones no suceden si el individuo no se siente amenazado y sencillamente explota cuando su corteza no aguanta más el peso de las amenazas exteriores.

2

Tengo la sensación de que igual no lo he explicado bien en el post, lo corrijo en un momento, la ira puede ser consecuencia clara y directa de las frustraciones, pero es tan instintiva que no es necesario que se acumulen a veces muchas frustraciones. Creo que el ejemplo de la pescadería puede servir, aparentemente no hay más frustración que la de estar fuera de casa en Navidad (dos emigrantes recién llegados a Madrid). Basta con tener la sensación de amenaza para desencadenar la ira.

En un ambiente tan socializado como el de las relaciones laborales creo que las cosas funcionan de otra manera. Es decir, tu teoría es la que explica las emociones (incluso desde un punto de vista evolutivo) a nivel general, pero pero el trabajo no es la sabana africana y la gente se va al baño a llorar (conducta de huída) en lugar de hacer frente al depredador (jefe) la mayor parte de las veces. De lo contrario habría muchos más asesinatos en el trabajo y la lucha absurda por el ascenso y el reconocimiento no tendría sentido. Somos animales en contextos artificiales creados por nosotros mismos.

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