
El teletrabajo es una modalidad de trabajo muy cómoda y con grandes beneficios para los teletrabajadores y para las empresas que optan, poco a poco, por este método de empleo. Pero no todo es un mundo ideal y también se corren algunos riesgos. A toda persona que trabaja desde su casa, y más aún si lo hace desde internet y sin haber tenido contacto físico formal con una empresa, organización o, incluso con un jefe, le ha entrado la duda de cómo saber si el trabajo que hace es legal si le pagarán por ello, cuánto y cómo. ¿Teletrabajar para quién?
Es importante destacar que muchas de las empresas que ofrecen teletrabajo son compañias que antes de implementar esta modalidad tenía en sus oficinas, gente que hacía las labores y, en muchas ocasiones son los mismos trabajadores que se han mudado de la oficina a sus hogares, para desarrollar las mismas tareas.
Estas empresas, de primera línea tienen convenios de trabajo colectivos y/o grupales, que se ajustan a las diferentes normas de trabajo y leyes laborales de los diferentes países donde se radique; por ello trabajar desde el hogar para estas empresas no reviste grandes misterios ni peligros en cuanto a certezas de cobro y legalidad del empleo; solo por citar alunas grandes compañías que son seguras para los teletrabajadores están Google, MSN Microsoft y tantas otras de primera línea.
De hecho, el Gobierno de España prevee pasar a 20.000 empleados a la modalidad de teletrabajo para finales de este año, lo que representaría un 10% del total de los trabajadores de la Administración General del Estado. Aunque se tratar de un programa parcial y no total, pues no se podrá hacer el 100% del trabajo desde el hogar, sólo el 40% de la jornada laboral, ésto significa que dos días podrá cumplir con sus tareas desde su casa.
Lo importante de este convenio de trabajo es que sienta un precedente al estipular que la percepción de salarios no se verá afectada con mermas ni incrementos.
Pero, ciertamente, es difícil encontrar una oferta laboral de este tipo de empresas cuando uno está en busca de teletrabajo, primero porque disponen de un sistema de reclutamiento muy cerrado con cientos de miles de Curriculums Vitae en lista de espera y, segundo, porque las vacantes que allí se realizan son muy específicas y pocas personas de las que se ofrecen para teletrabajar sabrían hacerlas.
Sin embargo, la realidad muestra un aspecto desconocido del teletrabajo, e insospechado para muchos: Los anuncios que ofrecen trabajar desde casa, tan solo con un ordenador, dedicando una o dos horas diarias de tiempo y con importantes retribuciones económicas se multiplican en la web, se difunden en sitios de empleo, en bolsas de trabajo, en clasificados y correos electrónicos. Muchas veces se trata de trampas que esperan una persona con ilusión y necesidad para aprovechar la situación.
El sistema es simple y en él, los oferentes teletrabajadores contactan al anunciante por vía electrónica, muchas veces completan un formulario en línea en el que se le solicitan alguos datos personales para poder acceder al trabajo.

Las sospechas de que puede tratarse de un fraude deben nacer cuando se solicita un número de cuenta bancaria, según afirma el aviso, para depositar los fondos conquistados con el trabajo en linea.
El teletrabajador sospecha pero piensa que si no da su clave de acceso o el número de su tarjeta de crédito, no corre riesgo, al fin y al cabo el número de cuenta bancaria de las personas ha dejado de ser sumamente privado.
Pero, probablemente, el anunciante no quiera robar el dinero de tu cuenta, sino que necesita usarlas para blanquear dinero obtenido en actividades ilegales, como el phishing, una de las actividades ilegales más frecuentes de hackers y crackers.
Esta operación tiene dos partes, la primera es el robo a una víctima del phishing a quien fuerzan a entregar datos personales con comunicados falseados de Bancos, entidades financieras, eBay y PayPal para, con esos datos, entrar en cuentas bancarias y sacar el dinero para transferirlo a otras cuentas. Allí es donde el ‘teletrabajador’ es necesario. Para que no queden rastros acerca de la identidad e quien realizó la estafa es que requieren de cuentas ‘limpias’ que no puedan llevar encontrarles.
El modus operandi varía pero no deja de ser una estafa en la que el teletrabajador quedrá incriminado, y por ello es recomendable desconfiar de ciertas ofertas de empleo, sobre todo las que prometen grandes riquezas en poco tiempo a cambio de poco esfuerzo.
El perfil que buscan los estafadores en sus ‘teletrabajadores’ es de una persona entre 21 y 50 años con características especiales entre las que no importan su capacitación, sino que sea ‘comunicativo, cumplidor, despierto, capacitado para ir aprendiendo en el proceso de trabajo y responsable’. Al candidato que los reuna se le ofrecerá una paga de entre 1.000 a 4.000 euros mensuales por dos horas diarias de trabajo desde el hogar.
Así, teletrabajar tiene sus ventajas, pero sin dudas, es importante estar prevenido de las prácticas ilegales que rodean las ofertas de trabajo y que pueden llevar a sufrir o ser parte involuntaria de una estafa.
Para estar seguro de que la oferta que te han hecho es real, no estará de más que averigües sobre la empresa, dónde se ubica, desde cuándo ejerce su actividad y, si tiene otros teletrabajadores, sus correos electrónicos para compartir experiencias y para hacer las preguntas que creas necesarias.
Para teletrabajar no necesitas una cuenta bancaria, existen muchas otras maneras de cobrar tu salario y que son mucho más seguras para el teletrabajador, pues disponen una barrera que mantiene al reguardo tus datos y que sólo tu puedes activar. Estos medios electrónicos de enviar y recibir dinero son casi imposibles de crackear si tú no colaboras brindando tus datos de acceso. Es imposible utilizarlas para hacer estafas del tipo phishing, sin embargo, tú puedes ser víctima de la práctica. Jamás reveles tus datos de acceso por vía electrónica ni las agendes en tu correo web.

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Comentarios de “Teletrabajar, sí, pero ¿para quién?”
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