
El desempleo es casi una constante en determinados períodos de la vida de un trabajador y uno de estos momentos es durante la juventud; en el preciso momento en que se realiza la transición del estudiante al profesional.
Al momento de culminar el proceso de formación de un joven, si es que este no ha conseguido un empleo temporal o una práctica rentada donde hacer sus primeras armas en el mercado laboral, el joven profesional con su reciente titulación se enfrenta a los números más temibles del mercado de empleo de España.
Es que el índice de desempleo de los jóvenes es, en la actualidad, uno de los más altos en la historia del país y en la actualidad, el mercado laboral privilegia la experiencia por sobre la juventud.
Esta realidad ha llevado a los jóvenes profesionales a inscribirse en el Servicio Público de Empleo Estatal (INEM) como demandantes de empleo para conseguir allí su primer oportunidad de trabajo que no han podido encontrar por otros medios directos de búsqueda de empleo.
Y esta difícil realidad que le toca vivir a los jóvenes se ve reflejada en los números del INEM donde la juventud desempleada representa el 25%, es decir que uno de cada cuatro inscritos tiene entre 16 y 29 años y gran parte de ellos se encuentra en la búsqueda de su primer empleo.
Claro que no todos los jóvenes de entre 16 y 29 años buscan en el INEM su primer empleo; de hecho, si analizamos fríamente las cifras antes dadas podemos llegar a una conclusión aún más precisa.
Quienes buscan su primer empleo en el INEM son, mayoritariamente, jóvenes de entre 16 y 19 años, quienes representan el 50% de este tipo de búsquedas; mientras que sólo el 25% corresponde a jóvenes de entre 20 y 24 años y, más aún, sólo uno de cada ocho personas que buscan su primer empleo tienen entre 25 y 29 años.
Sin embargo estas son sólo las cifras del INEM que difieren con otros números que recogen la misma información, con diferentes índices.

La Encuesta de Población Activa del 2001 también ofrece información acerca de desempleo y, según este informe la proporción de desempleados jóvenes es aún mayor.
Según Encuesta de Población Activa, en el cuarto trimestre del año 2001, la proporción de desempleados entre 16 y 29 años que buscaba su primer empleo era del 34%, nueve puntos más que según el INEM.
Sin querer entrar en debates sobre las diferencias de las cifras de ambas encuestas realizadas por importantes organismos, probablemente la disparidad de los índices esté dada por la naturaleza del grupo que se analiza, a saber jóvenes estudiantes y nuevos profesionales.
El nivel de instrucción y los índices de desempleo están relacionados y las cifras antes dichas así lo reflejan. De hecho, puede decirse que el desempleo es, prácticamente, un paso más en el crecimiento y transformación de estudiante universitario a profesional / emprendedor.
Prácticamente todos los jóvenes sufren el desempleo antes de poder ser incorporados al mercado de trabajo, y este desempleo afecta a todos por igual, sin importancia de la cantidad y calidad de la instrucción del joven que busca un puesto de trabajo. Así, entre los jóvenes que se encuentran en la búsqueda de su primer empleo casi no existen distinciones en el nivel de instrucción recibido.
Pero si bien la formación no resulta de importancia ni incide en gran medida a la hora de conseguir el primer empleo, el nivel de instrucción si juega un papel importante cuando hablamos de “parados expertos”.
Son “parados expertos” aquellos que ya han pasado en otras ocasiones por una situación de desempleo y que ya han tenido alguna experiencia laboral, pero que, sin embargo, su nivel educativo es significativamente más bajo que el de los desempleados que buscan su primer empleo.
Estos dos grupos de desempleados suelen disputarse empleos de baja cualificación o empleos temporales que dan acceso a un mercado laboral aunque no necesariamente en el ramo o actividad en que la persona se ha capacitado o tiene previa experiencia.
Como indicador de esta realidad antes descrita podemos observar el indicador constituido por la proporción que representan los desempleados con estudios universitarios, que llegan hasta el 27% en el caso de los que buscan su primer empleo y que en cambio sólo alcanzan el 10% en el caso de los desempleados con experiencia laboral previa.
Con todo esto, es normal pensar que el desempleo juvenil forma parte de una etapa recurrente por la que los jóvenes con cualquier tipo y nivel de instrucción se ven obligados a transitar.

Esta etapa suele estar poblada de empleos en condiciones de notable precariedad, empleos temporales y no formales que se han “trayectorias de tipo yoyó” o “trayectorias laborales caóticas” a los que el joven puede acceder con cierto éxito.
A pesar de las características de estos trabajos temporales que, en ocasiones, guardan muy poca relación con los estudios o experiencia previa del joven trabajador, sirven de gran ayuda para permitir al estudiante insertarse en el mercado laboral, emanciparse del hogar familiar y aprender cualquier otro oficio por más diferente que sea de la titilación que haya obtenido.
En las ”trayectorias yo-yó” son características permanentes, además de la precariedad, poca formalidad y bajos salarios, la continua rotación de los empleos que muchas veces empujan a un joven a tener hasta cinco o más empleos diferentes en un solo año.
La diferencia entre los jóvenes profesionales y los “parados expertos” se hará notar al momento de querer salir del círculo que se genera en este tipo de empleos: el profesional joven irá adquiriendo experiencia y se le presentarán oportunidades de insertarse laboralmente como profesional, mientras el parado experto seguirá saltado de un oficio a otro, pues la falta de preparación le dificulta conseguir un empleo estable.
Por lo que se refiere a la edad a la que se han incorporado al mercado de trabajo los jóvenes desempleados incluidos en el grupo “parados expertos” es de entre 18 y 21 años; el 34% lo ha antes de cumplir los dieciocho años y otro tercio entre los dieciocho y los veintiuno.
Por otro lado, el análisis también diferencia entre sexos y, en este sentido, los varones han tenido su primer trabajo a los 17,5 años, en promedio, mientras que las chicas no lo han tenido hasta un años después, a los 18,6.

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1 Comentario en “El desempleo, entre la formación y la profesión”
[...] mileuristas en trabajos no relacionados con su profesión, haciendo de becarios o incluso desempleados… Tendríamos que tratar de profundizar y entender el mundo en el que vivimos para [...]