
Casi la mitad del día transcurre en el trabajo, a veces se come allí, y otras se cena hablando de temas de oficina. Con lo cual, no es tan extraño que uno de los criterios fundamentales para evaluar la satisfacción laboral, acabe siendo el clima o el trato con los compañeros.
Se piensa “ya que estoy allí tantas horas, al menos espero conectar y llevarme bien con la gente”. Y de hecho, es así, está demostrado que el apoyo social en la empresa sirve para afrontar el estrés laboral. Alguien con quien poder hacer descansos distendidos, suele contribuir a disipar las tensiones de la producción o de jefes exigentes.
Hasta aquí todo el mundo coincidiría en que un buen ambiente en los departamentos de las compañías, no sólo es un aliciente para levantarse cada mañana, sino que además correlaciona con un mayor rendimiento y eficiencia en las tareas.
Ahora bien, si empezamos a debatir cuál es el nivel de confianza entre los compañeros, con el que sentirse cómodo y trabajar a gusto, aquí la respuesta no sería unánime. Hay quien ha tenido problemas en su entorno laboral, por cruzar la frontera sutil (o ambigua para algunos) que separa “el colegueo” de la amistad. Mientras otros han encontrado en sus compañeros de trabajo a sus mejores confidentes, e incluso a los padrinos de sus hijos.
¡Sumerjámonos en la atmósfera de los pasillos, cafeterías y salas de las empresas e investiguemos!. Empecemos por diferenciar los términos, aunque los dos conceptos puedan concurrir.
Compañerismo implica buena disposición a establecer un vínculo de colaboración y apoyo en una determinada actividad o tarea. Se puede ser compañeros de afición, de deporte, y de trabajo.
El término amistad es más restrictivo, es una relación que no está basada sólo en las actividades que se hacen juntos, sino en el intercambio emocional (sentimientos, inquietudes, proyectos, problemas). Hay un mayor grado de intimidad y compromiso. Por eso, prácticamente todos los amigos serán además compañeros en algo, pero no todos los compañeros han de ser necesariamente amigos.
Un compañero de trabajo es una persona, con la que se puede colaborar e intercambiar ideas referidas a un objetivo laboral común. Cuánto mayor entendimiento, respeto, y comunicación tengamos, mejor, pero estas tres cosas se pueden obtener sin que necesariamente seamos por añadidura amigos.
La cuestión reside en si al crear un buen equipo de trabajo, ¿es beneficioso o perjudicial ser amigos?.
Ser compañero no presupone ser amigo, pero tampoco lo excluye. Es decir, que puede darse el caso de que compartas tu ocupación con alguien, y a la vez mantengas un nexo más estrecho por afinidad en valores y personalidad. Esto conlleva
sus ventajas:
-Al tener más información (gustos, defectos, virtudes, temores, etc.) el uno del otro, la comunicación en el trabajo es más fluida, cómoda y cercana pues predices sus reacciones.
-No personalizas tanto ante determinados comentarios negativos que te haga, porque los contextualizas sabiendo cómo le pueden estar influyendo factores personales que conoces (“es lógico que esté así porque está preocupado por…”).
-Existe mayor complicidad entre vosotros, lo que promueve circunstancias de relajación, risas, etc., que disminuyen los efectos de la fatiga o nervios.
No obstante, tener a un compañero de amigo, también tiene sus inconvenientes:
-A veces los excesos de confianza hacen que los señalamientos, peticiones o críticas que le hagas no sean tenidas en cuenta con la formalidad requerida.
-Puede que sigáis hablando de trabajo en horas de ocio. De ahí que sea importante separar un rol del otro, aunque puedan coexistir, e intentar relegar o posponer esos temas a momentos y lugares laborales.
En esta línea es cuando se hace esencial cuidar las relaciones personales fuera del ámbito laboral (familiares, amigos, pareja…). Es decir, que no es deseable que todas tus amistades pertenezcan a tu mundo laboral, porque en cierta forma, a través de las conversaciones, recordáis y recreáis los instantes tensos de la actividad en el centro de trabajo. Esto suele darse en aquellas profesiones (personal sanitario, policías, educadores), con gran estrés, en las que la endogamia entre sus miembros se hace más que significativa.
Por otra parte, hay empleados para los que, es muy difícil trabajar bien en equipo con personas por las que no sienten simpatía emocional. Si te encuentras entre este grupo, quizá te ayude recordar que puedes mantener un ambiente agradable en tu quehacer profesional, a pesar de relacionarte con compañeros, a los que no eligirías como amigos.
Esto no es ser hipócrita, es aprender a interactuar con distintos tipos de individuos, con quienes podemos participar en una actividad común, sin la falsa creencia de obligarnos a tener un lazo más estrecho del que nos nace.

No es cierto eso de “o te llevas bien o no te llevas”. Conseguir un buen clima de trabajo es algo que se puede aprender. Lo que no puede uno es forzarse a ser amigo de nadie. Pero, lo que sí es posible es entrenarse en habilidades sociales para mejorar el trato con los demás. Esto al final redunda en facilitar y enriquecer el trabajo.
En una empresa hay una gran diversidad de gente colaborando por un objetivo común. Los hay más introvertidos, más bruscos, más ambiguos, más informales, etc. Si esperamos que todos ellos se comporten igual (o como uno mismo), lo más probable es topar con la frustración.
La creencia de que para sentirme integrado en un trabajo tengo que establecer vínculos de amistad es irracional. La confianza es una cuestión de grados, no es una variable dicotómica que se presente en términos de todo o nada. Lo saludable es elegir el grado de confianza que queremos tener con cada compañero y con determinados temas en concreto. No tienes por qué sentirte coaccionado a relatar aspectos de tu vida personal, por el hecho de que te los cuenten a ti. Es una elección individual, que depende de la timidez, de los estilos de pensamiento y educación.
En conclusión, aunque ser amigo y compañero son dos roles que pueden coexistir, no tienen por qué obligatoriamente darse juntos para que haya un buen entorno laboral. De igual forma no tienen por qué ser incompatibles si
se sabe separar los momentos de ocio e informales de los formales-laborales. Un “me lo cuentas luego…” a tiempo ayuda a establecer esos límites.

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7 Comentarios en “¿Amigos y/o compañeros de trabajo?”
[...] Uno de los momentos críticos es cuando comienzan a hablarte de compañeros, jefes y clientes, a los que se supone que te han presentado. Entonces te retrotraes a ese juego de la infancia, en el que a partir de rasgos (¿lleva gafas, tiene bigote?) intentabas adivinar si era Paul o Paula. [...]
[...] sino también como factor influyente en el grado de satisfacción laboral. Y es que el clima laboral, cuando es sano, se convierte en un sueldo emocional tan válido como el [...]
[...] a desempeñar, los incentivos económicos, la distancia del trabajo a casa, el clima laboral y el compañerismo, etc. Poca gente incluiría como criterio determinante para aceptar un puesto factores como [...]
[...] cosa diferente es el compañerismo. Esto quizá tiene más que ver con los valores y la forma de ser de la persona, más que con las [...]
[...] relaciones con los compañeros. Indudablemente alguien que transmite optimismo también otorga más confianza, ánimo y apoyo [...]
[...] trabajo en un ambiente que puede no ser el ideal. A medida que se vayan profundizando los lazos con algunas personas, se podrá observar que de cada uno puede aprenderse algo, y que ignorando, sólo se consigue un [...]
Es Necesario que las personas dejen sus actuaciones egoista, grupistas y excluyentes de la pùerta para fuera del trabajo. Pues sus actitudes nepotistas, clasistas, egocentristas y manipuladores redundan en crear un mal clima de trabajo. El stress crece y la eficiencia y eficacia decaen. Es muy desagradable sin motivo alguno encontrase con compañeros que te excluyen sin motivo cuando antes te incluian a la hora del almuerzo, cuando te excluyen porque piensas politicamente difernte a ellos, cuando por recibir una simple responsabilidad de jefe de grupo deja de tratarte con el mismo afecto con el que te trataba antes, cuando llega nuevo a un lugar y ya pretende serrucharte el puesto, cuando tu le hablas y no te responde, o simplemente cuando pagan contigo sus problemas existenciales o personales de su hogar.