Todo el mundo aspira a tener un trabajo digno, que no atente contra los derechos humanos y la integridad de la persona. Si además de eso, se siente realizado profesionalmente, mejor que mejor. Pero a veces parece que el sentir esa plenitud y satisfacción laboral es un regalo que sólo se le ha concedido a unos pocos: los que sintieron la vocación desde niños, los artistas, o los privilegiados que han podido crear su propia empresa, únicamente para disfrutar de lo que hacen, sin preocuparse de las ganancias.
Pensemos cuánta gente dejaría de trabajar completamente si les tocase la lotería. Después de ese primer año sabático, con las cuentas corrientes aseguradas, son muchos los que no tendrían ninguna razón para volver a ocupar su puesto de trabajo. Esto indica que, para una gran mayoría, el quehacer profesional supone un sustento para su familia, y una obligación pura y dura.
Independientemente de la remuneración y condiciones económicas, hay otras variables de carácter psicológico que aumentan la probabilidad de sentirse realizado en un trabajo:
-Sabemos que si no están cubiertas las necesidades mínimas de alimentación, vivienda y seguridad física, uno no se plantea alcanzar otras de autorrealización personal o laboral.
-Cuando uno elige el sector o área profesional en el que va a desempeñar su trabajo, es más probable que se sienta satisfecho. Esto ocurre con más frecuencia cuando se han podido adquirir previamente unos conocimientos (una formación, unos estudios), con los que la persona pueda sentirse activa, útil, que aporta algo específico al engranaje de la empresa.
-Las profesiones que permiten cierta creatividad e iniciativa en la resolución de los problemas, suelen ser valoradas más positivamente con respecto a aquellas, en las que el trabajo se vuelve automatizado, o el trabajador se encarga de forma mecánica del mismo paso de una cadena, una y otra vez.
-Se encuentra mayor gratificación cuando el empleado siente que forma parte de un equipo de trabajo, en el que la contribución de cada uno es esencial, y hay un intercambio que enriquece su quehacer. No nos estamos refiriendo al clima distendido y de compañerismo solamente, sino a que verdaderamente se sienta lo d
e “el total es algo más que la suma de las partes”.
-Otro factor positivo es permitir que cada trabajador participe en el objetivo final, o al menos entienda que su cometido tiene un sentido global, porque se integra en un proyecto más amplio, que cobra un sentido en la sociedad. El encargado de hacer controles de calidad a los alimentos, sometiendo una y otra vez a la misma prueba determinadas sustancias, puede sentirse más motivado si amplía la perspectiva, y contempla el objetivo de salud para la población que persigue, junto a todas las potenciales enfermedades, de las que está protegiendo a los ciudadanos.
Una vez dicho esto, habrá más de uno que se esté preguntando “¿cómo aplicar eso en el tipo de trabajo tan rutinario que tengo?, ¿dónde queda la motivación cuando soy un número más, que aumenta la productividad de la empresa a final de mes?”
El artículo de hoy pretende hacer hincapié en las cosas que sí dependen de nosotros. Cuando no podemos cambiar las circunstancias, al menos intentemos transformar el cómo las interpretamos, nuestra actitud, nuestra manera de verlas. Aquí os dejamos algunas pautas, que esperamos sean un pequeño impulso, con el que levantarse por las mañanas:
-El eterno vaso medio lleno, cuando el agua está a la mitad. Sin dejar de luchar por superarte profesionalmente y ascender, es bueno que valores y te concentres en lo que tienes (medio lleno) como punto de partida, no en lo que te hace falta (medio vacío). Apóyate en el compañero con el que sí congenias, no focalices en el equipo de trabajo del que careces. Utiliza los recursos con los que cuentas.
Seguir leyendo »