La ética y el profesionalismo son claves a la hora de desempeñarse en el ambiente laboral. Claro que en determinadas situaciones, es difícil mantenerlas intactas. Generalmente esto ocurre cuando se presentan escenarios difíciles de dominar o que exceden el manejo del trabajador.

La relación entre el amor y el empleo
Una de estas situaciones ocurre cuando se ven involucrados sentimientos en el trabajo. Frecuentemente, y cada vez más común, existe el amor entre personas de una misma empresa. Ante esto, se presenta el clásico dilema entre si corresponde o no que estas relaciones proliferen o si es mejor reprimirlas – en caso de que sea posible- antes de que se convierta en un asunto mayor.
No todas las relaciones son iguales y en el empleo eso no es una excepción. Se detecta una marcada diferencia, dependiendo de la relación que mantengan los involucrados.
En el caso de que se trate de una relación entre pares o compañeros, puede establecerse una paridad que no compromete la autoridad de ninguno de ellos. Si bien, probablemente puede tenderse a trasladar los problemas domésticos al círculo laboral o viceversa. Algunas empresas optan por no contratar a personas que se vinculan afectivamente, o familiarmente, para dividir las aguas. Pero nada puede hacerse si este amor nace en la convivencia laboral; lo que si puede hacerse es garantizar las políticas de la empresa para evitar procedimiento o actuaciones fuera de ética profesional.

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Para los que se han quedado sin trabajo o temen que va a pasar en breve, es momento de asumir esa nueva situación y comenzar a construir la siguiente vida profesional preparando el terreno cuanto antes.
En épocas de recesión económica como la actual, las empresas se aprietan rigurosamente el cinturón y congelan las contrataciones hasta que amaine la tormenta y se puede reactivar poco a poco la actividad normal.

