Estamos viviendo en una mala época en cuanto a la situación económica se refiere. Esto se une a temas como el desempleo galopante, la falta de iniciativas empresariales adecuadas, colapsos de entidades financieras,….. y lo que queda por venir.
Hay quien la compara con la crisis del 29 o la del 93, que nos queda más reciente. Tienen rasgos similares pero cada una posee unas casuísticas o características especiales.
En este artículo vamos a entrar a analizar la crisis actual exclusivamente. Puede que mucho de lo que vais a leer ya lo sepáis o lo habéis oído pero quiero dar una nueva visión interesante a la cuestión y hasta la fecha muy poco tratada, y es el hecho de en que medida han influido los departamentos de RRHH en la aparición y desarrollo de esta crisis.
Económicamente hablando, tanto en términos macroeconómicos (indicadores a nivel nacional, IPC, PIB….) como en términos microeconómicos (indicadores a nivel familia o persona individual), la sensación es que la cosa está muy mal.
Sube el IPC, baja el PIB, la renta per cápita por español no sube la misma cuantía que los precios inflación), aumentan los índices que miden el desempleo, baja el índice de confianza del consumidor y para colmo somos de los países europeos con peor índice de productividad. (Eurostat)
Económicamente la cosa está mal.
Financieramente hablando, las familias están más endeudadas con respecto a sus ingresos mensuales, no poseen capacidad de ahorro, las entidades financieras han cerrado el grifo de préstamos y créditos a particulares y a empresas, incrementan los impagos de deudas, la morosidad alcanza límites insospechados, ….., incluso las entidades financieras amenazan con quebrar.
Financieramente la cosa está igual de mal o peor que la situación económica.
¿Han influido en que lleguemos a esta situación los diferentes departamentos de los RRHH de las empresas?
Yo creo que sí e intentaré reflejarlo en este artículo.
Cuando desde finales de los noventa hasta el año 2006 se vivió una época de bonanza económica, con un crecimiento en el estado del bienestar como nunca visto hasta la fecha, todo parecía maravilloso y que nada podía ir mal.
En esta época aparecieron grandes fortunas, muchas de ellas vinculadas a sectores relacionados con la construcción (sobre todo en España). Las entidades financieras año a año aumentaban sus beneficios en porcentajes “insultantes”. Todo lo que se emprendía daba un resultado más o menos exitoso. 
Comenzó a aparecer lo que se dio por conocer como “Headhunting” (cazadores de talentos). Es decir, se consideraba que un directivo o un mando intermedio había tenido un éxito en una empresa y esto ya era motivo suficiente para hacerle una “superoferta” en su remuneración y llevarlo a mi empresa, sin valorar para nada cosas como el entorno empresarial que lo rodeaba, la formación de su equipo de trabajo, ni tener en cuenta las competencias que podía haber adquirido en el desarrollo de su trabajo.
El éxito se comenzó a “personalizar” y esto ha sido uno de los pilares de que se produjese la actual crísis. Y me explico.
Directivos de alto standing y cargos ejecutivos, han cambiado de empresa, teniendo en cuenta sólo el éxito de la empresa de procedencia sin tener en cuenta nada más. Y lo que ha ocurrido es que muchas veces este “fichaje” era meramente la punta del iceberg del equipo, que es de verdad quien ha obtenido el éxito, pero que se representa en la figura del superior. Cuando éste cambia de empresa, a costa de una oferta muy atractiva de remuneración, los éxitos no le acompañan. ¿Qué ocurría entonces?
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