Cuando un empleado no llega al rendimiento adecuado, muchas veces se toma la decisión de desvincular definitivamente a esa persona de la empresa. Antes de decidir un tema tan importante y determinante, es considerado darle al empleado con bajo desempeño, la oportunidad para mejorar y cambiar de actitud; en el caso de que no se obtenga un resultado positivo y deba sostenerse la decisión, luego se podrá probar que se dio la chance y será más fácil, tanto para el empleado como para el empleador.
La desvinculación de una persona, no es un tema que deba tomarse a la ligera. Para esto, hay que asesorarse legalmente, ya que se corren determinados riesgos y puede tornarse una situación traumática. Lo más oportuno, es un pedido de asesoramiento con un especialista en Recursos Humanos, que ayude a medir las consecuencias. Por sobre todas las cosas, se debe mantener la calma, porque muy probablemente la persona que reciba la noticia, se ponga nerviosa, entonces, quien es el interlocutor debe transmitir la pasividad y la tranquilidad.
El momento más propicio para hacerlo es a la mañana bien temprano, al inicio de la semana, con la opción de dar el resto de la semana o del día libre para que se reorganice. No es aconsejable avisar de la mala nueva, en épocas festivas o días previos a feriados o fines de semana. Hay que prever la situación, para esto, es preciso planear y repasar cómo se va a manejar y qué se va a decir en el momento de la reunión con la persona que va a ser desvinculada.
Cuando se transmite, en necesario hacer conocer los motivos de la decisión y exponerlos claramente. No hay que hacer rodeos ni ampararse en excusas o falsas explicaciones de la determinación, porque esto genera poca credibilidad y puede herir mucho más que la verdad misma. Si la decisión de desvinculación está tomada y es irreversible, lo mejor es comunicarla lo más rápidamente posible, sin entrar en disquisiciones que no aportarán nada a ninguna de las partes. Tampoco deben dejarse “puertas abiertas” que generen falsas expectativas en el empleado despedido.
Durante la reunión es notable que se demuestre comprensión, pero no empatía, para que la persona no sienta que el empleador se está poniendo en la situación del empleado. En el caso de que se presenten inquietudes y el recientemente despedido desee hacer preguntas, lo correcto es responder y comprender; si no hay intenciones de escuchar o no entiende las razones de su despido esta etapa es extremadamente emocional.
Si se desean evitar este tipo de escenarios, hay que procurar un contexto adecuado. Para esto; además de encontrar el momento oportuno, no hay que hacerlo en medio de una discusión, o en momentos de enojo o bronca, a partir de un impulso. Determinar el lugar indicado que resulte privado, íntimo, silencioso, donde se pueda hablar y escuchar, sin interrupciones. Prever de antemano el tiempo que sea necesario para conversar del tema, sin estar apurados ni que parezca un mero trámite administrativo más.

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Las emociones están presentes las 24 horas y mueven la vida, por eso es tan importante conocer la Inteligencia emocional, que es la habilidad que permite regularlas para adaptar de manera flexible a las situaciones que suceden día a día. Gracias al control de las emociones también es posible manejar y mejorar las relaciones, desarrollar el auto-conocimiento y la empatía que se trata de la habilidad de sentir la emoción que tiene otro en un momento determinado y saber cómo relacionarse efectivamente.







